miércoles, 12 de enero de 2011

Batalla Naval de Filipinas

La Batalla del Golfo de Leyte también conocida como Segunda batalla del Mar de Filipinas, es considerada la mayor batalla naval de la Historia en tiempos contemporáneos, junto a las batallas históricas de Salamina, la del cabo Ecnomus, Trafalgar y la de Jutlandia.

Fue una batalla naval de la campaña del Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial. Tuvo lugar en el golfo de Leyte, alrededor de la isla homónima de Leyte en Filipinas, desde el 23 al 26 de octubre de 1944 entre los Aliados y el Imperio japonés.

Los aliados comenzaron la invasión de Leyte para cortar la salida hacia las colonias del sudeste de Asia. Los japoneses emplearon el grueso de su flota para repeler a las tropas aliadas, pero no lograron vencer y sufrieron graves pérdidas.

Tras la derrota, la mayor parte de los barcos supervivientes permanecieron anclados en sus bases, carentes de combustible.[2] [3] En realidad se trata de una gran batalla compuesta por cuatro batallas navales interrelacionadas: la batalla del Mar de Sibuyan, la batalla del Estrecho de Surigao, la batalla del Cabo Engaño y la batalla de Samar y varios combates previos.

Adicionalmente en esta ocasión se usaron por primera vez los ataques de aviones suicidas japoneses, los llamados "kamikaze" (Viento Divino) de un modo sistematizado. Uno de ellos dio en el crucero pesado HMAS "Australia" el día 21 de octubre, y desde el día 25 de ese mismo mes, comenzaron una serie de ataques organizados contra la flota aliada.

Antecedentes previos
La campaña del Pacífico en el año 1943 había expulsado a la armada imperial japonesa de varias de sus bases en las Islas Salomón, aislando otras islas; y en el año 1944 una serie de desembarcos anfibios apoyados por portaaviones habían capturado las Islas Marianas del Norte permitiendo a la armada aliada el contar con una base desde la que podrían despegar sus bombarderos B-29 para atacar las islas japonesas.

Desde la Batalla del Mar de Filipinas, con la destrucción de tres portaaviones japoneses y de unos 600 aviones, los aliados lograron la superioridad aérea y marítima en el Pacífico Central.


La flota de Kurita abandonando Brunei en fila rumbo a Filipinas, el 22-10-1944, en primer plano el Nagato; en segundo plano, el Musashi y el Yamato; más adelante los cruceros Maya, Chokai, Takao, Atago, Haguro y MyokoPara las acciones posteriores, el almirante Ernest King y otros miembros del Estado Mayor favorecían la idea de bloquear las fuerzas japonesas entre Japón y el sur de Asia. En cambio, el general Douglas MacArthur proponía invadir Filipinas (MacArthur dseseaba cumplir una promesa al pueblo filipino), lo que permitiría tener más posibilidades para los ataques directos a Japón. Dejar Filipinas en manos de Japón podría dañar la reputación de Estados Unidos y ser una afrenta para el general MacArthur, quien en el año 1942 había hecho su famosa promesa de volver. Además, existía una considerable masa de aviones japoneses en Filipinas, lo que era considerado bastante peligroso por el Alto Mando estadounidense.




[editar] El plan japonés
El alto mando japonés preveía que los americanos desembarcarían en Filipinas; o bien atacarían las islas cercanas a Japón por tanto se elaboró un plan para rechazar el próximo ataque norteamericano.

El plan se engendró en un ambiente muy pesimista, ya que la mayoría de la aviación embarcada se había perdido en la "cacería de patos de las Marianas", el almirante S. Toyoda elaboró un alcance de los probables objetivos americanos y diseñó una estrategia para cada una de estas probabilidades. El plan general se llamó SHO o "Victoria".

Los objetivos estudiados fueron:

Plan SHO-1 preveía un masivo desembarco en las Filipinas lo que cortaría el suministro de petróleo desde Borneo a Jap on condenándolo a la inamovilidad de las fuerzas de superficie.

PLan SHO-2 Ataque a las islas de Formosa y Ryukyu.

Plan SHO-3 Ataque a las islas meridionales del Japón: Honshu, Hokuku.

Plan SHO-4 Ataque combinado a las islas meridionales del Japón y las Kuriles.

El objetivo que más prevalecía era el de las Filipinas y fue el almirante Soemu Toyoda quien elaboró un intrincado plan de ataque SHO-1 donde se emplearía la totalidad de la Fuerza Móvil japonesa, reuniéndolas en Brunei. Toyoda fue muy acertivo ya que este fue el próximo paso americano.

El alto mando ordenó a Tomoyuki Yamashita que blindara el cinturón de las Filipinas trayendo tropas desde Manchuria, mientras que la flota japonesa se concentraba en Brunei.

El plan SHO-1 que fue el más estudiado por las graves consecuencias en el suministro de combustible, fue el más votado y se elaboró una maniobra estrategia coordinada de tres fuerzas principales convergiendo a las Filipinas, la fuerza principal comandada por Takeo Kurita estaría compuesta por los acorazados Yamato, Musashi, Nagato, Haruna, mas la tercera división de cruceros pesados irrumpirían en el mar de Samar una vez que las fuerzas-señuelo de Osawa compuesta por los portaviones Suikaku, Zuiho y Chiyoda, más los acorazados de la clase Hyuga atrajeran a la 3ª flota del almirante Halsey dejando desprotegidos los desembarcos americanos.

La tercera fuerza sería la de Nishimura que con los acorazados Fuso y Yamashiro, más una fuerza de cruceros pesados reforzada con la división de Shima proveniente directamente desde el Japón irrumpirían en Leyte a través del estrecho de Surigao, atacando las fuerzas de desembarco en Leyte. Para que el plan tuviera éxito se requería la correcta convergencia de las fuerzas a sus puntos de destino y lo más importante que las fuerzas de Osawa efectivamente atrajera a las fuerzas americanas lejos de las Filipinas.

El plan no contemplaba cobertura aérea y además no preveía una acción antisubmarina previa, además se debía establecer el silencio radial para poder obtener el factor sorpresa del ataque japonés.

El 22 de octubre de 1944, el general Douglas MacArthur desembarcaba en Leyte, ese mismo día, en la tarde zarpaba la flota de Takeo Kurita hacía las Filipinas activando el plan SHO-1.

La ruta contemplaba navegar en paralelo a las costas de la isla de Palawan, internarse en el estrecho de Tablas, cruzar el mar de Sibuyan, pàsar el estrecho de San Bernardino e irrumpir de sorpresa en el mar de Samar, rechazar el desembarco americano para despúes reunirse con las fuerzas de Nishimura en Leyte.

[editar] Guerra submarina en el Paso de Palawan (23 de octubre)
Nota:Esta acción es denominada por Morison como el "combate en el Paso Palawan",[3] aunque ocasionalmente también se refiera a ella como la "batalla del Paso de Palawan"

La "Fuerza central" de Kurita, reunida en Brunéi, constaba de cinco acorazados (el Yamato, y su gemelo Musashi, el Nagato, el Kongō, y el Haruna), diez cruceros pesados (el Atago, el Maya, el Takao, el Chōkai, el Myōkō, el Haguro, el Kumano, el Suzuya, el Tone, y el Chikuma; además de dos cruceros ligeros similares, el Yahagi y el Noshiro. La flota iba cubierta, además, con quince destructores.[3]

Esta armada pasó a la altura de la isla Palawan durante la medianoche del 22 al 23 de octubre.

Los submarinos estadounidenses Darter y Dace estaban en posición de vigilancia, registrando el horizonte en busca de enemigos. A las 00:16 del 23 de octubre, el radar del Darter detectó la formación japonesa a una distancia de 30.000 yardas (unos 27,4 km). Su capitán reportó contacto visual. Los dos submarinos se lanzaron al ataque de la flota, y el Darter lanzó al aire el primero de tres informes de contacto. Al menos uno de ellos fue interceptado por un operador de radio del Yamato, pero por algún motivo Kurita no tomó las adecuadas medidas consecuentes contra submarinos.[3]


La poderosa escuadra estadounidense, rumbo a la isla de Leyte.El Darter y el Dace, navegando superficialmente a toda máquina, lograron tras algunas horas situarse en posición de disparo -enfrente de la formación de Kurita- con la intención de iniciar un ataque submarino con las primeras luces del amanecer.

Este ataque resultó extraordinariamente exitoso. A las 5:24, Darter lanzó una serie de seis torpedos, cuatro de los cuales alcanzaron el buque insignia de Kurita, el crucero pesado Atago. Apenas diez minutos después, Darter volvió a alcanzar al buque gemelo del Atago, el Takao, con una nueva tanda de torpedos. A las 5:56 fue el Dace quien logró cuatro impactos sobre el crucero pesado Maya, hermano del Atago y el Takao. En menos de 30 minutos, dos submarinos habían dejado fuera de juego a un tercio de la flota de cruceros pesados de la Armada Imperial japonesa.[3] El Atago y el Maya se hundieron rápidamente. Takao se volvió hacia Brunéi, escoltado por dos destructores y, sin saberlo, por los dos submarinos atacantes cubriendo su retaguardia.

El 24 de octubre, tratando de seguir discretamente al maltrecho Takao para lograr la posición de ataque, el submarino Darter quedó encallado en el arrecife Bombay Shoal. Todos los intentos por devolver el submarino a la acción resultaron infructuosos, y tuvo que ser abandonado. La tripulación fue rescatada en su totalidad por el Dace. De este modo, el Takao pudo regresar a Singapur, donde permanecería en reparaciones y en calidad de pontón hasta el final de la guerra.

El Atago se hundió tan rápidamente que Takeo Kurita tuvo que nadar para no ahogarse. Fue rescatado por la tripulación de uno de los destructores japoneses, y trasladó el puesto de mando al acorazado Yamato.[3] [4] [5]

[editar] La batalla del mar de Sibuyan (24 de octubre)
Artículo principal: Batalla del mar de Sibuyan

Musashi al salir de Brunéi en octubre de 1944, rumbo a la batalla de Leyte.A las 8:00 del 24 de octubre, el resto de la "Center Force" fue avistado y atacado por la escuadrilla de cazas VF-20 y la VB-20, compuesta de bombaderos, que habían despegado desde el portaaviones USS Enterprise (CV-6) de la IIIª Flota del almirante Halsey. A pesar de su gran potencial, la Flota no estaba bien situada para enfrentarse a la amenaza. El 22 de octubre, Halsey había cometido una serie de errores de criterio táctico; en efecto, destacó dos de sus grupos de portaaviones y los envió a la base de Ulithi para reaprovisionarse. Cuando el informe del Darter llegó, Halsey ordenó al grupo de Davidson que regresase de inmediato, pero permitió al vicealmirante John S. McCain, Sr que continuase hacia Ulithi con el más fuerte de los grupos de portaaviones de la Task Force 38. Haley finalmente tendría que volver a llamar a McCain el 24 de octubre, retrasando así la llegada del grupo más poderoso de portaaviones a la inminente batalla, y privando a la 3ª Flota de casi el 40% de su fuerza aérea. La mañana del 24 de octubre, sólo tres grupos estaban disponibles para atacar a la fuerza de Kurita, y el que estaba mejor posicionado -la Task Force 38.2 de Gerald G. Bogan- era lamentablemente el más débil de toda la flota. Lo integraban un solo portaaviones -el USS Intrepid (CV-11) y dos portaaviones de apoyo. El paso en falso de Halsey con el grupo de McCain también privó a su flota de cuatro de sus seis cruceros pesados.[3]


El Yamato, alcanzado por una bomba cerca del montaje delantero.Así pues, aviones del Intrepid, y el USS Cabot (CVL-28) -uno de los portaaviones de apoyo de Bogan- lanzaron su ataque sobre las 10:30, alcanzando a los acorazados Nagato, Yamato y Musashi y dañando seriamente al Myōkō. Un segundo ataque procedente del Intrepid, el USS Essex (CV-9) y el USS Lexington (CV-16) llegó poco después en forma de Helldivers y Hellcarts, que lograron otros diez impactos en el Musashi. Cuando el acorazado ya se retiraba, enfilando su base, una tercera oleada venida desde el Enterprise y el USS Franklin (CV-13) le atacó por última vez, en esta ocasión con el resultado de once impactos de bomba y ocho de torpedos.[3]

Kurita ordenó volverse a toda la flota para salir del alcance de las aeronaves, adelantando en su retirada al maltrecho Musashi. Esperó hasta las 17:15 para retomar el rumbo hacia el Estrecho de San Bernardino. El Musashi encalló y se hundió finalmente a las 19:30.[3]

Entretanto, el vicealmirante Takijirō Ōnishi había lanzado tres oleadas de aviones desde la 1ª Base Aérea de Luzón contra los portaaviones de la Task Force 38.3 (cuyo "paraguas aéreo" había atacado también los aeródromos de Luzón para evitar la cobertura aérea japonesa sobre el golfo de Leyte). Cada una de las oleadas del ataque de Ōnishi estuvo integrada por entre 50 y 60 aviones.[3]


El USS Princeton, al este de Luzón.
El Princeton explota, a las 15:23 del 24 de octubre de 1944.La mayor parte de los aviones japoneses fueron interceptados y derribados por Hellcats de la patrulla aérea de combate de Sherman, especialmente por dos secciones de caza del Essex lideradas por el comandante David McCampbell, quien se distinguió por haber sumado nueve derribos en esta acción. Sin embargo, un Yokosuka D4Y "Judy logró atravesar las defensas estadounidenses y a las 9:38 alcanzó al portaaviones de apoyo Princeton con una bomba perforadora de blindaje de 250 kg, causando un incendio en el hangar del barco. Las medidas anti incendio del barco fallaron y el fuego se extendió rápidamente. Se sucedieron una serie de explosiones, y aunque algunos focos locales del incendio fueron controlados a las 15:23 se produjo una enorme explosión -probablemente en la santabárbara del barco-, causando cantidad de bajas en el Princeton y más de 300 heridos en el crucero USS Birmingham (CL-62), que se había aproximado para ayudar a la extinción del fuego. El Birmingham quedó tan maltrecho que tuvo que retirarse. Otros barcos cercanos también sufrieron daños. Todos los esfuerzos por salvar al Princeton se probaron infructuosos y fue hundido por el crucero ligero USS Reno (CL-96) a las 17:50.[3] La 3ª Flota de los Estados Unidos lanzó 259 salidas contra la "Center Force" japonesa, principalmente con Hellcats. La potencia de este ataque, sin embargo, no resultaba suficiente para neutralizar la amenaza que suponía la flota de Kurita.[6] También se debe señalar que casi todos los ataques estadounidenses de ese día se dirigían contra un mismo objetivo: el acorazado Musashi. Finalmente, el colosal acorazado se hundió, y el crucero Myōkō quedó bastante maltrecho, pero el resto de la flota de Kurita seguía operativa y aún constituía una temible fuerza de ataque.[3] Como resultado de una decisión equivocada del almirante Halsey, la flota de Kurita lograría atraversar el Estrecho de San Bernardino durante la noche, atacando sorpresivamente cerca de la costa de la isla de Samar a la mañana siguiente.

[editar] Task Force 34 - Estrecho de San Bernardino
Tras detectar las fuerzas Central y Sur, Halsey se reunió a bordo del acorazado New Jersey con el mando de la 3ª Flota para discutir la estrategia a adoptar ante la amenaza de la flota de Kurita. El plan consistía en cubrir el estrecho de San Bernardino con una potente escuadra de acorazados rápidos, apoyados por dos de los más rápidos de los portaaviones de la 3ª Flota. La armada así reunida, designada Task Forcer 34, consistía en 4 acorazados, 5 cruceros y 14 destructores al mando del Vicealmirante Willis A. Lee. El contraalmirante Ralph E. Davison, del grupo Task Force 38.4 tenía el mando de los portaaviones de apoyo. A las 15:12 del 24 de ocutbre, Halsey radió el siguiente mensaje a los comandantes de todas las Task Forces subordinadas, informándoles sobre el plan trazado:

BATDIV 7 MIAMI, VINCENNES, BILOXI, DESRON 52 LESS STEVEN POTTER, FROM TG 38.2 AND WASHINGTON, ALABAMA, WICHITA, NEW ORLEANS, DESDIV 100, PATTERSON, BAGLEY FROM TG 38.4 WILL BE FORMED AS TASK FORCE 34 UNDER VICE ADMIRAL LEE, COMMANDER BATTLE LINE. TF 34 TO ENGAGE DECISIVELY AT LONG RANGES. CTG 38.4 CONDUCT CARRIERS OF TG 38.2 AND TG 38.4 CLEAR OF SURFACE FIGHTING. INSTRUCTIONS FOR TG 38.3 AND TG 38.1 LATER. HALSEY, OTC IN NEW JERSEY.

Morison (1956)[7]
Este mensaje fue recibido también por la 7ª Flota del Pacífico del almirante Nimitz, aunque evidentemente no era a él a quien iba dirigida. Halsey había formado su Task Force 34 con sus fuerzas presentes, para poder enviarlas sin retraso en el momento en que fuese necesario, pero la 7ª Flota interpretó erróneamente que la nueva formación había sido creada como un grupo independiente: Un error de valoración que causó un monumental malentendido y tuvo sus repercusiones en el desarrollo posterior de la batalla.[3]

[editar] 24 de octubre: La decisión de Halsey

Mapa de los cuatro encuentros de la Batalla del Golfo de Leyte. 1: el paso de Palawan, 2: batalla del Estrecho de Surigao, 3: batalla del Cabo Engaño y 4: batalla de Samar. En rojo, los movimientos de la flota japonesa y sus principales ataques aéreos.La fuerza aérea de la 3ª Flota no logró localizar la "Fuerza Norte" de Ozawa (que actuaba como un señuelo) hasta las 16:40 del 24 de octubre. Ello se debió principalmente a que se hallaba principalmente ocupada en el ataque a Kurita y en defendenderse de los aviones japoneses que venían de Luzón. De este modo, paradójicamente, la flota sobre la que los japoneses querían llamar la atención estadounidense casi pasó completamente inadvertida. Al atardecer del 24 de octubre Ozawa interceptó un mensaje equivocado de los estadounidenses, que informaba de la retirada de Kurita, por lo que decidió iniciar también su retirada. Sin embargo, a las 20:00 Soemu Toyoda ordenó a todas sus fuerzas atacar "con la ayuda divina" a la 3ª Flota. Intentando atraer la atención estadounidense sobre su formación, Ozawa dio media vuelta y se dirigió al sur, hacia Leyte.

Halsey estaba convencido de que la "Fuerza Norte" constituía la mayor amenaza para su flota, y estaba decidido a aprovechar lo que le parecía una oportunidad de oro para destruir las últimas fuerzas aeronavales japonesas. Creyendo que la "Fuerza central" había sido neutralizada por los ataques aéreos de la 3ª Flota durante el día anterior en el mar de Sibuyan, y que los restos de esa fuerza se retiraban, Halsey radió a Nimitz y Kinkaid el siguiente comunicado:

CENTRAL FORCE SERIAMENTE DAÑADA SEGÚN LOS INFORMES DE ATAQUE.
PROCEDO AL NORTE CON TRES GRUPOS PARA ATACAR FUERZAS PORTAAVIONES AL AMANECER

Morison (1956)
Las palabras "con tres grupos" llevaron a un peligroso malentendido.A la luz del mensaje interceptado el 24 de octubre a las 15:12 horas -enviado por Halsey, y que decía "...formarán como la Task Force 34"- el almirante Kinkaid y su alto mando asumieron, al igual que la fuerza del Pacífico del almirante Nimitz, que la Task Force 34, dirigida por Willis A. Lee formaba ahora una entidad independiente. Asumieron que Halsey dejaba su poderosa fuerza de superficie vigilando el Estrecho de San Bernardino (cubriendo el flanco norte de la VIIª Flota) mientras se dirigía con tres grupos de portaaviones hacia el norte, en persecución de los portaaviones japoneses. La Task Force 34, en realidad, no se había separado de los demás grupos, y los acorazados de Lee se dirigían hacia el norte con el resto de las fuerzas en persecución de los portaaviones japoneses en retirada. Halsey había dejado deliberadamente el Estrecho de San Bernardino sin vigilancia alguna cometiendo su más grave error táctico, y de este modo dando cumplimiento a lo que esperaba Kurita de Osawa. Tal como Woodward señaló, "lo sacaron todo del Estrecho de San Bernardino. No quedó ni un destructor de guardia".[1]

Halsey y sus oficiales ignoraban la información que una nave de reconocimiento nocturno del USS Independence había obtenido: la poderosa flota de superficie de Kurita había dado media vuelta hacia el Estrecho de San Bernardino, y después de un prolongado apagón, las luces de navegación del Estrecho habían vuelto a funcionar. Cuando el Vicealmirante Gerald F. Bogan, comandante del Task Group 38.2 radió esta información a la nave insignia de Halsey, fue contestado ásperamente por un oficial, que el dijo en un tono tenso:"Sí, sí, tenemos esa información". El vicealmirante Lee, que había deducido correctamente que la fuerza de Ozawa no era más que un señuelo, lo indicó con luces al buque insignia de Halsey, quien le contestó en término igualmente abruptos. El comodoro Arleigh Burke y el comandante James Flatley, del alto mando del Vicealmirante Marc Mitscher llegaron a la misma conclusión. Estaban lo bastante preocupados como para despertar a Wake, quien les preguntó:¿Saben si el almirante Halsey tiene esa información?". Como le dijeran que sí, Mitscher, conocedor del temperamento de Halsey, contestó:"Cuando quiera mi consejo, me lo pedirá", y volvió a la cama.[3]

La fuerza completa de la 3ª flota -constituyendo la formación naval más poderosa del mundo-[cita requerida] continuó rumbo al norte, alejándose del Estrecho de San Bernardino.

[editar] 25 de octubre: La batalla del estrecho de Surigao

La batalla en el Estrecho de Surigao: Ejecución perfecta de la maniobra de "cruzar la T".Artículo principal: Batalla del Estrecho de Surigao
La "Fuerza Sur" de Nishimura consistía en los acorazados Yamashiro y Fusō, el crucero pesado Mogami y cuatro destructores. Fueron atacados por bombarderos el 24 de octubre, pero sólo sufrieron daños menores. Dado el estricto corte de comunicaciones impuesto en las fuerzas "Centro" y "Sur", Nishimura era incapaz de sincronizar sus movimientos con los de Shima y Kurita. Cuando entró en el Estrecho de Surigao a las 2:00 estaba adelantado, Shima se encontraba a unas 25 millas náuticas tras él, y Kurita aún estaba en el mar de Sibuyan, a varias horas de las playas de Leyte.

Al acercarse al Estrecho, la "Fuerza Sur" se metía inadvertidamente en la misma boca del lobo: La fuerza de apoyo de la 7ª flota del vicealmirante Jesse Oldendorff había tendido una trampa con una fuerza sustancial. Les aguardaban seis acorazados (el USS West Virginia, el USS Maryland, el USS Mississippi, el USS Tennessee, el USS California y el USS Pennsylvania), casi todos ellos[8] habían sido dañados en Pearl Harbour, y reparados posteriormente. Otros cuatro cruceros pesados (el USS Louisville, el USS Portland, el USS Minneapolis y el HMS Shropshire) contaban con baterías de 6 y 8 pulgadas. Cuatro cruceros pesados[9] completaban la flota, apoyados por 39 lanchas torpederas y 28 torpedos de los destructores. Para atravesar el Estrecho, las fuerzas de Nishimura tenían que superar la lluvia de torpedos lanzados desde las lanchas y el ataque de los destructores para avanzar entonces bajo el fuego de seis acorazados y los ocho cruceros que los flaqueaban antes de alcanzar la salida del Estrecho, en las playas donde debía realizarse la invasión.[3] A las 22:36 una de las lanchas torpederas (la PT-131) informó del primer contacto con la flota japonesa. Durante más de tres horas y media, las lanchas torpederas atacaron repetidamente a las fuerzas de Nishimura. No hubo impactos directos, pero se enviaron constantes informes sobre su avance a Oldendorff y su flota.[3]

Según se internaban en el Estrecho de Surigao, las fuerzas de Nishimura iban sufriendo devastadores ataques de torpedos de los destructores estadounidenses dispuestos a ambos lados de su línea de avance. Sobre las 3:00 am, ambos acorazados japoneses habían sido alcanzados por torpedos: El Yamashiro aún podía mantener el rumbo, pero el Fusō explotó, se partió en dos y se fue al fondo. Dos de los cuatro destructores también fueron hundidos, y el Asagumo, que pudo retirarse maltrecho, se hundiría poco más tarde.[3]

A las 3:16, el USS West Virginia recibió señales de radar de las fuerzas supervivientes de Nishimura, que se encontraban 42.000 yardas y habían alcanzado una solución de fuego a 30.000 yardas. El West Virginia les siguió el rastro mientras se acercaban en la noche cerrada. A las 3:53 disparó sus ocho piezas de 16 pulgadas de la batería principal, a una distancia de 22.800 yardas, alcanzando al Yamashiro con la primera descarga. En total se dispararon 93 proyectiles. A las 3:55 el California y el Tennessee se unieron al fuego, disparando 69 y 63 obuses de 14 pulgadas, respectivamente. El sistema de fuego por radar permitía a los estadounidenses abrir fuego con precisión desde una distancia a la que los japoneses, con sus menos perfeccionados sistemas de control, no podían devolver el ataque.[3] [10] Los otros tres acorazados estadounidenses, equipados con una menos avanzada ingeniería de fuego, tuvo más dificultades para calcular una solución de fuego. El Maryland logró eventualmente calcular visualmente con éxito la trayectoria mediante las salpicaduras de proyectiles de otros acorazados, y por su parte disparó un total de 48 proyectiles de 16 pulgadas. El Pennsylvania no tuvo esa oportunidad y no abrió fuego durante el contacto.[3] El USS Mississippi encontró su solución de fuego cuando la batalla ya casi acababa, disparando una salva de 12 proyectiles de 14 pulgadas. Con este fuego se cerró el último combate entre acorazados: el último capítulo de una era en la historia naval.[3]

El Yamashiro y el Mogami quedaron inutilizados tras recibir múltiples impactos de proyectiles perforantes de blindaje de 16 y 14 pulgadas, que agravaron los daños sufridos por el fuego lateral. El Shigure dio media vuelta, pero perdió el timón y quedó paralizado. El Yamashiro quedó finalmente bloqueado a las 4:20, con Nishimura a bordo. El Mogami y el Shigure aún podrían retirarse al sur del Estrecho.

El flanco de la "Fuerza Sur", denominado Segunda Fuerza de Ataque, y dirigida por el Vicealmirante Shima, había entrado en el Estrecho a unas 40 millas en paralelo respecto a las fuerzas de Nishimura. También fue atacada por las lanchas torpederas, quedando inutilizado y fuera de formación el crucero ligero Abukuma a consecuencia de un impacto de torpedo.

Los dos cruceros pesados de Shima -el Nachi y el Ashigara, que eran escoltados por ocho destructores, lograron dar con los restos de las fuerzas de Nishimura. Viendo lo que pensó que eran los restos de los dos acorazados de Nishimura -en realidad, las dos mitades del Fusō- Shima ordenó la retirada. Lamentablemente, el buque insignia Nachi colisionó con el Mogami, inundando la sala de máquians del Mogami y haciendo que se fuese quedando retrasada en la retirada: al día siguiente fue hundida tras un ataque aéreo. El casco del Fusō fue hundido bajo el fuego del Louisville, y la mitad trasera se hundió cerca de la isla de Kanihaan. De las siete naves de Nishimura, sólo el Shigure sobrevivió al Estrecho. Las fuerzas de Shima que lograron escapar de Surigao serían hundidas más adelante en otros enfrentamientos alrededor de Leyte.[3] [10]

La batalla del Estrecho de Surigao fue el último enfrentamiento entre barcos de superficie en la historia. Fue también la última ocasión en la que una fuerza naval -los estadounidenses, en este caso- lograron "cruzar la T" de una flota enemiga. De cualquier modo, para cuando se entabló el combate, la flota japonesa ya había sufrido fuertes bajas, y su única fuerza de ataque consistía en un acorazado -el Yamashiro- un crucero pesado y un destructor, por lo que la maniobra no tuvo en realidad un peso estratégico desequilibrante.[3] [10]

[editar] 25 de octubre: La batalla de Samar
Artículo principal: Batalla de Samar

La sorpresa nipona en Samar.[editar] Preludio
En el punto anterior se explican los motivos y la manera en que Halsey puso rumbo al norte, dejando el estrecho de San Bernardino completamente descubierto. Esta circunstancia, unida a la desinformación propagada por la ambigüedad de los mensajes enviados, tuvieron sus consecuencias el mismo 25 de octubre en la llamada batalla de Samar. El malentendido consistía en la errónea percepción que tenía el alto mando de la VIIª Flota (incluidos Kinkaid y su personal) sobre los movimientos de Halsey. Pensaban que se dirigía al norte con tres grupos de portaaviones -el grupo de McCain, el más fuerte de la IIIª Flota, aún estaba regresando de su primer destino, Ulithi- pero no sin dejar a la recién formada Task Force 34 guardando el estrecho contra los nipones. En realidad, Halsey no había formado una fuerza independiente dentro de su flota, y se dirigía en persecución del resto de las fuerzas japonesas con la integridad de su flota. La Center Force de Kurita, que había dado la vuelta, atravesó el estrecho de San Bernardino a las 3:00 del 25 de octubre, dirigiéndose con rumbo sur hacia la costa de la isla de Samar. En su camino se interponían tres grupos de portaaviones de apoyo -llamados Taffy 1, 2, y3, compuestos por 16 portaaviones de escolta, y su pequeña escolta compuesta por destructores y destructores de escolta. A pesar de las pérdidas sufridas durante el Paso de Palawan y el combate del mar de Sibuyan, la Center Force era aún una fuerza imponente, contando con cuatro acorazados -entre ellos, el acorazado gigante Yamato- seis cruceros pesados, dos cruceros ligeros y una docena de destructores. Con la excepción de la Task Force 37, la flota de Kurita era posiblemente la armada más poderosa del mundo, comparable en potencia de fuego con el Grupo de Fuego de Apoyo liderado por Oldendorff. El Yamato, sin ir más lejos, ya era el buque de guerra más grande que jamás hubiese navegado, y por sí solo ya tenía un volumen de desplazamiento equivalente al de los tres Taffys juntos.

[editar] La batalla
Dada la desinformación reinante, era inevitable que las fuerzas de Kurita cogieran al Vicealmirante Clifton Sprague completamente por sorpresa. Sprague se apresuró a ordenar el despliegue del "paraguas" aéreo de los Taffy, mientras su flota maniobraba hacia el este. Como maniobra de cobertura ordenó a sus destructores lanzar una cortina de humo que protegiese a los portaaviones en retirada. Kurita, ignorante de que el plan de señuelo de Ozawa había tenido éxito, asumió que se encontraba frente a un grupo de portaaviones de la IIIª Flota de Halsey. Disponiendo sus naves en formación antiaérea, improvisó dos fuerzas de ataque que avanzaron independientemente con la orden de "ataque general".[11]

El destructor USS Johnston era el que se encontraba más cerca de su enemigo. Con decisión desesperada, el teniente comandante Ernest E. Evans dirigió su nave -completamente inferior en categoría- hacia el enemigo, tratando de flanquearle. En su avance, Sprague ordenó un "small boys attack", que significaba un ataque de todas las unidades de escolta del USS Johnston. Los otros dos destructores que protegían al Taffy 3 -el USS Hoel y el USS Heermann- y el destructor de escolta USS Samuel B. Roberts se lanzaron en un ataque suicida, devolviendo el fuego de los acorazados japoneses y tratando de dispersar su formación con el lanzamiento de torpedos. Thomas Sprague ordenó a los 16 portaaviones de sus tres Task Forces el despegue de su fuerza aérea combinada, armados con todo lo que tuviesen, incluidas ametralladoras ligeras o cargas de profundidad. Sprague contaba con unas 450 aeronaves, principalmente FM-2 Wildcats y aviones torpederos Avenger. Los contraataques aéreos eran constantes y algunos, especialmente los realizados por la Task Unit 77.4.2 de Stump, fueron muy destructivos.

Los portaaviones de Taffy 3 pudieron dirigirse al sur y escapar del fuego nipón. El USS Gambier Day, un portaaviones de apoyo situado al costado de la formación estadounidense, fue alcanzado y hundido. El resto sufrieron daños de diversa consideración.

[editar] Retirada japonesa

El Chikuma, bajo fuego enemigo durante la batalla de Samar.La férrea defensa confirmó a los japoneses su impresión de estar enfrentándose con unidades de la IIIª Flota más que con fuerzas de apoyo y su escolta. La confusión con que se dirigió el ataque general japonés -y la eficaz y desesperada defensa de los destructores americanos- hicieron que el mismo Yamato, buque insignia de la Center Force tuviese que retirarse momentáneamente del área, perdiendo contacto con la batalla. Kurita radió una brusca interrupción del ataque y ordenó a su flota retirarse hacia el norte a 20 nudos de velocidad, con la intención de reagrupar su desordenada formación. Según el informe de batalla del Yamato, Kurita habría recibido un mensaje informándole de un grupo de portaaviones americanos dirigiéndose desde el norte hacia su posición. Volviéndose hacia el golfo de Leyte, Kurita buscaba así un enfrentamiento con el grueso de las fuerzas estadounidenses, y renunciaba a destruir a la fuerza de apoyo de Samar. Al atravesar de nuevo el Estrecho de San Bernardino, tres de sus cruceros pesados se habían ido a pique, y convencido de que se había enfrentado con parte de la IIIª Flota, sólo sería ya cuestión de tiempo que Halsey le localizase y le atacase por sorpresa.[11] Después de la guerra, el vicealmirante Clifton Sprague informó a su colega Aubrey Fitch de la batalla en los siguientes términos:Yo...declaré (al almirante Nimitz) que la principal razón por la que se volvieron hacia el norte es que estaban recibiendo demasiados daños para continuar, y sigo manteniendo esa opinión, que cualquier análisis en frío podría confirmar".[5] Casi todas las fuerzas supervivientes lograron escapar. Halsey y sus acorazados de la IIIª Flota llegaron demasiado tarde para interceptar a los japoneses en retirada. Sin embargo los cruceros Nagato, Haruna y Kongō habían quedado seriamente dañados por la escolta del Taffy 3. Kurita, que había comenzado el ataque con 5 acorazados, volvía a su base con sólo el Yamato en condiciones de combatir.


El USS CVE 63 St. Lo.Viendo el curso de la batalla, el vicealmirante Takijirō Ōnishi ordenó el despliegue de su Fuerza Especial de Ataque, una unidad kamikaze que logró llevarse por delante[3] [5] al USS St.-Lo, de la escolta de Taffy 3.

[editar] Bajas
Dos portaaviones de escolta, los destructores Hoel y Johnston, el destructor de escolta Samuel B. Roberts y otras cuatro naves menores se fueron al fondo en la costa de Samar. El destructor Heermann, pese a su inferioridad de fuego, logró sobrevivir a la batalla, aunque sufriendo seis bajas.

Más de mil marineros y asistentes aéreos de los portaaviones murieron durante el ataque. Además, a consecuencia de errores de comunicación y otros problemas técnicos, un gran número de supervivientes de la fuerza Taffy 3 quedaron abandonados durante varios días, muriendo innecesariamente por hambre, sed o sus heridas.[3] [5]

[editar] 25-26 de octubre: la batalla de Cabo Engaño

Los portaaviones nipones Zuikaku (izquierda), y -posiblemente- Zuihō, atacados por bombarderos en picado al principio de la batalla de Cabo Engaño.La Fuerza Norte de Ozawa, que había logrado distraer la atención de Halsey sobre la Fuerza Center, se componía de cuatro portaaviones: el Zuikaku, último superviviente de los seis que habían atacado en Pearl Harbour- y los portaaviones ligeros Zuihō, Chitose (1938 Chitose]] y el Chiyoda, dos viejos acorazados reconvertidos en portaaviones tras la Primera Guerra Mundial: el Hyūga y el Ise.[12] A esta singular combinación de portaaviones escoltaban tres cruceros ligeros -el Ōyodo, el Tama y el Isuzu, con unos nueve destructores. Esta fuerza se complementaba con 108 aviones.[3]

La fuerza de Ozawa no fue localizada hasta las 16:40 del 24 de octubre, principalmente porque el Task Group 38.3 de Sherman, situado al norte del sector de Halsey, estaba más ocupado con el ataque a Kurita y los aviones que llegaban desde Luzón que con la búsqueda de la esquiva flota de Ozawa. La mañana de 24 de octubre, Ozawa interceptó un mensaje estadounidense que informba sobre la retirada de Kurita. Como hemos señalado anteriormente, Ozawa solicitó permiso para retirarse, pero recibió órdenes de realizar un ataque "contando con la ayuda divina". La fuerza a la que se iba enfrentar era abrumadoramente superior. Entre otras unidades, contaba con cinco grandes portaaviones, ( Intrepid, Franklin, Lexington, Enterprise, y Essex), cinco portaaviones ligeros ( Independence, Belleau Wood, Langley, Cabot y San Jacinto), seis acorazados (Alabama, Iowa, Massachusetts, New Jersey, South Dakota y Washington), ocho cruceros (dos pesados y seis ligeros) y más de cuarenta destructores. La fuerza aérea adjunta a este grupo ascendía a 601 unidades.[3]

A las 2:40 del 25 de octubre, Halsey envió a la cabeza del grupo a la Task Force 34, compuesta por seis acorazados de la IIIª Flota, y dirigida por el vicealmirante Willis A. Lee. Halsey planeaba que Mitscher lanzase el ataque con sus unidades aéreas, a las que sucedería un intenso bombardeo desde los acorazados de Lee.[3]


La tripulación del Zuikaku saludando el arriado de bandera, que representa el fin de las funciones del Zuikaku como navío insignia de la Armada Imperial Japonesa.Al amanecer del 25 de octubre, Ozawa inició el ataque, lanzando 75 aviones contra la IIIª Flota. La mayoría fueron derribados por las patrullas aéreas estadounidenses, y la flota no llegó a sufrir ningún daño. Algunos de ellos lograrían aterrizar en las bases de Luzón. Durante la noche, Halsey había enviado sus indicaciones tácticas a la Task Force 38 del almirante Mitscher, en las que ordenaba el ataque de 180 aviones antes del amanecer. Cuando a las 7:10 las patrullas de exploración dieron con la Fuerza Norte nipona, los aviones ya llevaban un rato volando en círculos sobre la flota estadounidense. A las 8 se lanzaron al ataque, deshaciendo fácilmente la defensa japonesa, que apenas llegaba a los 30 aviones. Los ataques estadounidenses continuaron hasta la tarde, realizándose 527 despegues contra la Fuerza Norte, y hundiendo el Zuikaku, el Chiyoda y el Akitsuki. El Chiyoda se perdió sin remedio. El portaaviones ligero Chitose y el Tama quedaron inutilizados, y Ozawa tuvo que transferir la bandera al crucero ligero Ōyodo.

[editar] La crisis – La VIIª Flota pide ayuda
Poco después de las 8 llegaron sorprendentes mensajes de auxilio de la VIIª Flota. Uno de los mensajes, enviado por Kinkaid, decía sencillamente:"MI SITUACIÓN ES CRÍTICA. ACORAZADOS RÁPIDOS Y APOYO AÉREO PUEDEN IMPEDIR QUE EL ENEMIGO DESTRUYA PORTAAVIONES DE APOYO Y ENTRE EN LEYTE". Halsey refiere en sus memorias que el mensaje le dejó conmocionado, y se dedicó a revisar personalmente los ultimos mensajes recibidos de la VIIª Flota para tratar de esclarecer una situación que se le antojaba incomprensible. Al parecer, no había llegado un mensaje de vital importancia enviado por Kinkaid alrededor de las 10:00. Halsey posteriormente declararía que sabía que Kinkaid estaba en problemas, pero que ignoraba la gravedad de la situación.

Una de los mensajes más alarmantes de Kinkaid, enviado tras el combate en el Estrecho de Surigao, informaba de la falta de munición en los acorazados de la VIIª Flota. Este mensaje tampoco logró convencer a Halsey de la urgente necesidad de apoyo de la VIIª Flota.[1] [2] [3] En realidad, esta falta de munición era una argucia de Kinkaid para obtener los refuerzos solicitados,[3] pero Halsey no podía saberlo.

A unos 5.000 kilómetros de Pearl Harbour, el almirante Nimitz había estado recibiendo informes de las desesperadas llamadas de Taffy 3, y envió a Halsey un lacónico mensaje:TURKEY TROTS TO WATER GG FROM CINCPAC ACTION COM THIRD FLEET INFO COMINCH CTF SEVENTY-SEVEN X WHERE IS RPT WHERE IS TASK FORCE THIRTY FOUR RR THE WORLD WONDERS".[13] El mensaje contenía una alusión a un poema de Tennyson sobre la carga de la brigada ligera, oportuna alusión al 90 aniversario de la batalla de Balaclava. De cualquier modo, sobre las 11:15 -más de dos horas después de los apurados mensajes enviados por la VIIª Flota- Helsey ordenó a la Task Force 34 dar media vuelta y poner rumbo sur hacia Samar. En aquel momento los acorazados de Lee casi tenían a tiro la fuerza de Ozawa, y aún habrían de transcurrir dos horas y media antes de que los destructores de escolta de la Task Force 34 pudieran repostar y ponerse en movimiento.[3] Tras esta desafortunada sucesión de retrasos, ya era demasiado tarde para poder asistir a la VIIª Flota, más que para colaborar en el rescate de supervivientes de Taffy 3, mientras las fuerzas de Kurita huían a través del Estrecho de San Bernardino. Sin embargo a las 16:22, en un desesperado intento de intervenir en los acontecimientos de Samar, Hasley formó una nueva task Force -la TG 34.5, compuesta por los acorazados rápidos USS Iowa y USS New Jersey, capaces de alcanzar los 32 nudos náuticos, tres cruceros y ocho destructores- que encomendó al vicealmirante Badger. Badger se lanzó hacia el sur, seguido por cuatro acorazados más lentos. Tal como Morison señaló, si esta fuerza hubiese interceptado la retirada de Kurita habría tenido serios problemas para enfrentarse a la muy superior potencia de fuego enemiga.[3] Los cruceros y destructores de la Task Force 34.5 tuvieron más éxito, logrando hundir al destructor Nowaki, que se alejaba renqueante del Estrecho de San Bernardino.

[editar] Batalla de Cabo Engaño: Desenlace

El destructor japonés Akizuki, en llamas tras la batalla.Cuando Halsey ordenó la vuelta de la Task Force 34 hacia el sur encomendó un grupo de cuatro de sus cruceros y nueve destructores al mando del Vicealmirante DuBose, reasignándolos a la Task Force 38. A las 14:15 Mitscher ordenó a DuBose iniciar la persecución de los restos de la Fuerza Norte nipona. Sus cruceros remataron al maltrecho Chiyoda a las 17:00, y cerca de las 21:00 hundieron al destructor Hatsuzuki tras un cerrado intercambio de fuego.[3] Cuando el almirante Ozara supo del despliegue de la relativamente débil fuerza de DuBose ordenó a los acorazados Ise y Hyūga volverse hacia el sur para atacar, pero no lograron localizar al grupo de DuBose, al que superaban en potencia de fuego. La retirada de parte de los acorazados de Lee en su triste intento de ayudar a la VIIª Flota dejaba expuesta de un modo absurdo a la Task Force 38 a un posible contraataque de la fuerza de señuelo de Ozawa. Sobre las 21:30, el submarino estadounidense Jallao logró acertar con un torpedo al Tama, que se fue a pique. Esta fue la última acción en la batalla del Cabo Engaño, y -exceptuando algunos ataques aéreos japoneses el 26 de octubre- el final de la batalla del Golfo de Leyte.

[editar] Crítica del mando de Halsey

Admiral William F. 'Bull' Halsey - Comandante de la 3ª Flota de los EEUU en el Golfo de Leyte, al igual que Takeo Kurita, incurrió en errores tácticosHalsey recibió muchas críticas por sus decisiones, principalmente por la orden de separar a la Task Force 34 para lanzarla en persecución de Ozawa y su retraso a la hora de apoyar a Kinkaid. La jerga de la marina militar de los EEUU acuñaría el sobrenombre de "Bull's run" para Halsey, haciendo una irónica combinación de su apodo "Bull" -el almirante era conocido como Bill Halsey- y una referencia a la desastrosa gestión de la primera batalla de Bull Run durante la Guerra de Secesión. En el informe elaborado tras la batalla, Halsey justificó sus decisiones alegando que:

"...la exploración de aviones reveló la presencia de la Fuerza Norte la tarde del 24 de octubre, lo que completaba la imagen de la escuadra enemiga. Me pareció infantil permanecer paralizado guardando el Estrecho de San Bernardino, así que concentré a la Task Force 38 durante la noche y nos dirigimos al norte con el propósito de atacar dicha Fuerza Norte al amanecer." "Creí que la Center Force había sufrido bastantes daños en el mar de Sibuyan como para no ser considerada una amenaza para la VIIª Flota."[3]
Halsey también explicó que había temido dejar a la Task Force 34 como única protección del estrecho sin apoyo de portaaviones que pudiesen protegerla de un eventual ataque aéreo lanzado desde Luzón, y que abandonar a un portaaviones en el área como cobertura de dicha fuerza habría debilitado demasiado la concentración de fuego necesaria al norte para atacar a Ozawa. Sin embargo, Morison afirma que el almirante Lee le había informado de que su flota estaba perfectamente preparada para cubrir tan sólo con acorazados el Estrecho, sin que fuese necesario dejar ningún portaaviones de apoyo.[3] Más aún, si Halsey hubiese mantenido una adecuada comunicación con la VIIª Flota habría sido perfectamente factible para los portaaviones de la Task Force 77 establecer una adecuada cobertura aérea sobre la Task Force 34, que de hecho habría resultado estratégicamente más eficaz que la defensa que tuvieron que mantener en solitario en Samar. Podría argumentarse que el hecho de que Halsey estuviera a bordo de uno de los acorazados, que teóricamente habría debido quedarse atrás -mientras el grueso de su flota se dirigía al norte contra los portaaviones japoneses- pueda haber influido en su decisión. Sin embargo, habría sido perfectamente factible -y lógico- que se hubiese llevado uno o dos de los acorazados rápidos de la IIIª Flota junto a los portaaviones en el ataque contra Ozawa, dejando el resto de sus fuerzas guardando el Estrecho. De este modo, el Estrecho habría quedado bien guardado, posibilitando el ataque contra la Fuerza Norte de Ozawa. Es probable que la decisión de Halsey se viese influida por su jefe de personal, el vicealmirante Robert Carney, quien era un apasionado partidario de llevarse todas las fuerzas posibles hacia el norte para atacar a la armada de Ozawa, quien consideraban la mayor amenaza japonesa en el área. Clifton Sprague, comandante de la Task Force 77.4.3 durante la batalla de Samar fue posteriormente muy crítico con las decisiones de Halsey, y con su incapacidad de informar propiamente de que su flanco norte no estaba ya protegido:

"Careciendo de cualquier información de que esta salida -refiriéndose al Estrecho de San Bernardino- ya no estaba bloqueada, era lógico pensar que nuestro flanco norte no quedaría expuesto sin advertencia."
Sobre la pasividad de Halsey a la hora de responder a sus desesperadas llamadas de auxilio, Morison escribe que

"Si la Task Force 34 hubiese partido unas horas antes, tras la primera petición de ayuda de Kinkaid, dejando los destructores atrás -ya que su reavituallamiento retrasaría dos horas y media la salida-, una todavía poderosa flota de seis acorazados dirigidos por el almirante Lee -el comandante de escuadrón con más experiencia de combate- habría llegado al Estrecho de San Bernardino a tiempo para enfrentarse con la Center Force de Kurita. Dejando a un lado los accidentes comunes a la guerra naval, todos los indicios hacen suponer que Lee podría haber "cruzado la T" de Kurita y destruir totalmente la Center Force."
Sin embargo, tal como el mismo Morison observa:

"La poderosa potencia de fuego de la IIIª Flota, mayor que la de toda la Armada Imperial Japonesa, nunca entró en acción excepto para rematar uno o dos barcos ligeros inutilizados.

Morison (1956), pp. 336–337[14]
Aunque quizás el comentario más esclarecedor es este informe del vicealmirante Lee como comandante de la Task Force 34:

"No se recibió ni se inflingió daño al enemigo en barcos asignados a la Task Force 34."

Informe de acción de la Task Force 34: 6 de octubre de 1944 – 3 de noviembre de 1944.
[editar] Análisis
*Por el lado japonés

El plan Sho-I-Go japonés era tácticamente débil y además se realizaron muchos fallos estratégicos en su desarrollo, comprometía una gran cantidad de unidades diastribuidas en tres frentes distintos que debían coincidir en Leyte, la falta de comunicaciones, la falta de información adecuada acerca de la posición y composición de las fuerzas estadounidenses y el factor sorpresa perdido en dos oportunidades por el vicealmirante Takeo Kurita imposibilitaron una dudosa victoria japonesa. Hay que sumar la falta de cobertura aérea y antisubmarina que adoleció la fuerza japonesa contribuyó grandemente a la derrota.

Los japoneses intentaron repeler o destruir la flota aliada que se disponía a invadir Leyte. Muy por el contrario, los Aliados consiguieron una contundente victoria frente a una muy inferior en número Armada Imperial Japonesa, prácticamente deshabilitándola para el resto de la guerra.

La batalla o combate de la isla Palawan tuvo como resultado la pérdida de los cruceros Atago, Takao y Maya, por fallo en la cobertura antisubmarina de Kurita. Se pierde el factor sorpresa por primera vez.

La batalla del mar de Samar se perdió por segunda vez un factor sorpresa ganado tácticamente por la falta de visión táctica de Takeo Kurita al no seguir avanzando para destruir la fuerza de portaviones de escolta y no tener información de Osawa acerca de sus resultados como señuelo.

La batalla del estrecho de Surigao se perdió exclusivamente por carecer Nishimura de radar, confiandose en solo en medios ópticos y de una suicida falta de información de que fuerzas enfrentaba a la salida del estrecho. Los continuos ataques de lanchas torpederas debió servir de alerta a Nishimura a la entrada de este.

La batalla del estrecho de San Bernardino tuvo como resultado la pérdida del Musashi, por carecer de cobertura aérea.

La batalla de Cabo Engaño fue la única parte del plan japonés que se cumplió parcialmente, al atraer Osawa a la poderosa 3ª flota japonesa hacía sus exiguas fuerzas con la pérdida de dos portaviones Este componente del plan era esencial para el éxito japonés y no supo ser aprovechado por Kurita.

Por primera vez se emplearon tácticas kamikaze de un modo organizado. El crucero australiano HMAS Australia fue alcanzado el 21 de octubre, y la Fuerza Especial de Ataque inició oficialmente sus ataques suicidas el 25 de octubre.

Los errores tácticos del vicealmirante Takeo Kurita anularon en cierto modo los errores cometidos por W.F. Halsey influyendo notablemente en el resultado de la batalla.

La desproporción existente entre el número de aviones empleados por ambos bandos, la calidad de los mismos —claramente a favor de los Estados Unidos en 1944—, además de la falta de pilotos experimentados en el bando japonés, marcaron decisivamente el resultado de la batalla.

Batalla Naval de Santiago de Cuba

La Batalla Naval de Santiago de Cuba tuvo lugar el 3 de julio de 1898 a la salida de la bahía de Santiago de Cuba durante la Guerra Hispano-Estadounidense.

La guerra Hispano-Estadounidense
En 1898 Estados Unidos ordenó a su flota del Pacífico que se dirigiera a Hong Kong e hiciera allí ejercicios de tiro hasta que recibiera la orden de dirigirse a las Filipinas y a la Isla de Guam. Tres meses antes se había decretado bloqueo naval a la isla de Cuba sin que mediara declaración de guerra alguna.

El 15 de febrero explotó en el puerto de La Habana el acorazado Maine de Estados Unidos, que se encontraba en Cuba en una visita antidiplomática de provocación que no había sido anunciada previamente. La explosión fue provocada deliberadamente por sus propios tripulantes, que se encontraban en tierra en una fiesta ofrecida por los españoles a pesar del bloqueo naval y del insultante comportamiento estadounidense. Estados Unidos acusó a España de la explosión y de inmediato declaró la guerra con efectos retroactivos al comienzo del bloqueo. Las tropas de Estados Unidos rápidamente arribaron a Cuba.

El 1 de mayo la flota del pacífico de Estados Unidos se enfrentó en batalla naval a la flota española de Filipinas. En aquel momento muy pocos creían que un país, como Estados Unidos, que hasta aquel momento no había tenido Armada y nunca había librado una guerra fuera de sus fronteras pudiese atacar y derrotar a la Armada española, considerada una de las mejores del mundo. Sin embargo, la escuadra española de Filipinas fue totalmente destruida en el llamado desastre de Cavite.


Prolegómenos de la batalla
El gobierno de España decidió envíar a Cuba otra flota de la Armada, bastante similar a la recientemente perdida en Filipinas, en el desastre de Cavite, al mando del almirante Pascual Cervera y Topete. La escuadra zarpó el 29 de abril. Estados Unidos, por su parte envió dos flotas a Cuba. En conjunto, ambas flotas eran claramente superiores militarmente a la española. Sin embargo, tenían la prohibición de enfrentarse por separado a la escuadra española, pues ésta estaba considerada una de las mejores flotas de su tiempo.

Pese a las soflamas lanzadas por la prensa española y el ánimo exaltado de la clase política, que unánimemente esperaba una aplastante victoria militar frente a Estados Unidos, los marinos españoles eran plenamente conscientes de que se enfrentarían a un enemigo claramente superior, con el consiguiente sacrificio inútil de las fuerzas navales españolas y las vidas de cientos de hombres. Antes de zarpar, Cervera escribió una carta a su hermano en la que, entre otras cosas, le decía: "Vamos a un sacrificio tan estéril como inútil; y si en él muero, como parece seguro, cuida de mi mujer y de mis hijos."

A su llegada a Cuba, la flota española permaneció atracada en el puerto de Santiago evitando el combate en mar abierto contra las flotas estadounidenses. Era un lugar aparentemente seguro, pues al enemigo le resultaba casi imposible entrar, pero del que resultaría muy difícil salir si la escuadra estadounidense establecía un bloqueo. Cervera estaba convencido de la imposibilidad de su escuadra de mantener un enfrentamiento directo con los estadounidenses, dada la manifiesta inferioridad y disminuida operatividad de sus barcos.

El Capitán de Navío Fernando Villaamil, jefe de la escuadrilla de destructores -y considerado un auténtico especialista en este tipo de barcos, diseñados por él mismo-, propuso realizar incursiones rápidas con sus ágiles y veloces destructores, atacando puertos de la costa Este de Estados Unidos (Nueva Orleans, Miami, Charleston, Nueva York o Boston) para forzar así a gran parte de la escuadra estadounidense a volver para defender sus propias costas. De este modo, se habrían igualado las fuerzas navales de ambos contendientes en Cuba. Seguro que pesó en la postura de Villaamil el conocimiento de que el puerto de Nueva York carecía prácticamente de defensas militares, hecho que hace notar en su libro Viaje de circunnavegación de la corbeta Nautilus. De una u otra forma, estos planes no fueron ejecutados, tal vez por la oposición del almirante Cervera, que optó por que todos los buques permaneciesen en puerto.

La escuadra estadounidense arribó el 19 de mayo al puerto de Santiago de Cuba. El 25 de mayo, Cervera envió un telegrama al ministro de Marina en estos términos: "Estamos bloqueados. Califiqué de desastrosa la venida para los intereses de la Patria. Los hechos empiezan a darme la razón. Con la desproporción de fuerzas, es imposible ninguna acción eficaz. Tenemos víveres para un mes."

La escuadra del almirante Cervera permanecía bloqueada en el puerto de Santiago, sometida a todo tipo de presiones para que presentara batalla a la escuadra estadounidense del almirante Sampson. Sin embargo, Cervera se resistía a salir de la seguridad del puerto. La flota estadounidense permanecía fuera del puerto esperando la salida de los buques españoles. Por las noches siempre había dos buques estadounidenses vigilando e iluminando con sus proyectores la bocana de salida sin que las baterías de costa pudiesen molestarlos.

El Jefe de Estado Mayor de la Escuadra de Cervera, el Capitán de Navío Joaquín Bustamante propuso al Almirante una salida nocturna escalonada para evitar la pérdida total de la escuadra, pero al igual que la propuesta de Villaamil, la idea fue desestimada.

Desde el 19 de mayo hasta el 3 de julio de 1898, fecha en que tuvo lugar el combate naval, la escuadra española colaboró con el Ejército de Tierra defendiendo Santiago, y hubo un intenso cruce de telegramas entre Santiago, La Habana y Madrid acerca de cómo proceder a la vista del desarrollo de las operaciones militares en tierra y el bloqueo naval por la escuadra del Almirante Sampson.

Los estadounidenses trataron de encerrar la escuadra de Cervera provocando el hundimiento del vapor Merrimac, cargado de carbón y con un cinturón de jarras llenas de pólvora que se harían explotar en el momento oportuno. Se presentaron siete voluntarios para esta heroica misión. El Teniente de Ingenieros Hobson y seis hombres. El buque fue descubierto por los centinelas y el fuego comenzó de inmediato desde la batería de Punta Gorda, mientras que al mismo tiempo, se dispararon dos torpedos desde los cazatorpederos, provocando el hundimiento del navío sin que llegaran a detonar las jarras de pólvora. El barco quedó hundido cerca de Cayo Smith y la entrada de Santiago continuó libre. El Teniente Hobson y sus hombres fueron rescatados del mar en una balsa volcada y a la deriva, y hechos prisioneros de guerra y tratados por Cervera con gran caballerosidad y humanidad.

El día 2 de julio de 1898 el capitán general Ramón Blanco ordenó desde La Habana a Cervera abandonar el puerto de Santiago ante la inminente ocupación de la ciudad por las fuerzas terrestres estadounidense y el consiguiente peligro de captura de los barcos.

Cervera, convencido de la imposibilidad de lograrlo y de que el intento constituiría un verdadero suicidio, escribió al Ministro de Marina D. Segismundo Bermejo: "Con la conciencia tranquila voy al sacrificio, sin explicarme ese voto unánime de los generales de Marina que significa la desaprobación y censura de mis opiniones, lo cual implica la necesidad de que cualquiera de ellos me hubiera relevado."

[editar] La batalla
Por diversas razones, en la madrugada del 3 de julio algunas unidades estadounidense habían abandonado su posición de bloqueo, (el acorazado Massachusetts se encontraba en la bahía de Guantánamo repostando carbón de uno de los barcos de apoyo allí anclados. Asimismo el crucero New York se había alejado de la línea de bloqueo para recoger al almirante Sampson y transportarlo a la costa a petición del general Shafter, comandante de las fuerzas terrestres estadounidenses, para analizar la situación de dichas fuerzas y el posible apoyo que los barcos de Sampson podrían prestarle en el asalto a la ciudad de Santiago, dada la difícil situación en la que se encontraban - tal era ésta que incluso se planteó la posibilidad de retirar las tropas si no arreciaba la oposición española -, por lo que la escuadra española compuesta por un crucero acorazado (Cristóbal Colón) sin su armamamento colocado, tres antiguos cruceros protegidos (Infanta María Teresa, Vizcaya y Almirante Oquendo, los tres de la misma clase) y dos modernos destructores contratorpederos (Plutón y Furor, de la clase Furor ambos) se enfrentaban a tres acorazados modernos (USS Iowa, USS Indiana y USS Oregón, estos dos últimos de la misma clase), un crucero acorazado (USS Texas, similar al Maine), dos nuevos cruceros protegidos (USS Brooklyn y USS New York, este último regresó justo a tiempo para participar en el final de la batalla), un cañonero (USS Ericsson) y tres cruceros auxiliares (USS Gloucester, USS Resolute y USS Vixen, El primero, el anteriormente conocido como Corsair, el yate de J. P. Morgan el segundo, era un mercante reconvertido, y el tercero, un yate armado, que fue propiedad de Peter Arrell Brown Widener).

Cervera, convencido de su inferioridad, decidió salir a primeras horas del día, el 3 de julio, navegando hacia el oeste y pegado a la costa para salvar el mayor número de vidas posibles. La decisión del Almirante de partir para el combate con luz diurna, se fundamentó en su preocupación por la seguridad de sus barcos. Esta decisión era, militarmente hablando, la peor de todas las posibles, pues probablemente una salida nocturna o en un día de mal tiempo hubiese sido más adecuada. Además, la estrechez del canal de salida del puerto obligó a los barcos a navegar uno tras otro.

Cuando salieron los buques españoles Sampson se encontraba todavía en tierra y solo estuvo presente al final de la batalla, por lo que la flota estadounidense fue dirigida por el Comodoro Schley. Sampson había decidido utilizar el USS New York (donde iba embarcado) para desplazarse a su entrevista con Shafter, en vez de utilizar una lancha auxiliar en esa calmada mañana. Esto privó a la flota estadounidense de uno de sus dos buques más rápidos (USS New York) durante casi toda la batalla. Hasta el regreso de Sampson casi al final de la batalla, la flota estadounidense fue dirigida por Schley, embarcado en el USS Brooklyn.

Siguiendo las órdenes especificadas por Cervera, los buques españoles salieron en orden decreciente de tamaño y potencia de fuego. Así, la escuadra española salió de puerto encabezada por el buque insignia Infanta María Teresa, en el cual se encontraba embarcado el almirante Cervera. Todos los barcos dejaron el puerto a intervalos demasiado largos y siguiendo todos la misma ruta.

Cervera dirigió a su buque insignia, Infanta María Teresa hacia el buque estadounidense más cercano, el "Brooklyn". Al observarlo el Comodoro Schley, que se encontraba a bordo del Brooklyn, ordenó al Brooklyn que diera media vuelta y se alejara para evitar un hipotético intento de espoloneamiento. Al comprobar que el Infanta María Teresa no intentaba dicha maniobra, sino huir, ordenó al Brooklyn regresar a la posición original, momento en el cual estuvo a punto de colisionar con el Texas.

Los buques estadounidenses pudieron rodear y cañonear todos a la vez al Infanta María Teresa, que fue atacado en desigual batalla de un único buque contra una escuadra entera.

Al Infanta María Teresa le siguieron en la salida el Vizcaya y el Cristóbal Colón, que se alejaron intercambiando disparos a larga distancia. Por ello, el fuego de la toda flota estadounidense se centró sobre el siguiente buque en salir: el Almirante Oquendo.

Los últimos barcos en abandonar el puerto fueron los pequeños y rápidos destructores de Villaamil, Furor y Plutón, que sufrieron importantes daños en poco tiempo; con su pequeña artillería poco pudieron hacer contra el enemigo. El Plutón se hundió rápidamente. A bordo del Furor, Villaamil había muerto intentando subir a la torreta del cañón de proa para disparar contra los estadounidenses.

Una vez liquidados los destructores, la escuadra américana perseguió al Vizcaya hasta dejarlo también fuera de combate.

El Cristóbal Colón, la unidad más rápida y moderna de la flota española, se alejaba a toda máquina. Y hubiera quizá escapado si no se le hubiera agotado el carbón inglés de alta calidad, por lo que debió proseguir viaje con carbón cubano, de inferior calidad. Esto le hizo perder sustancialmente velocidad y la ventaja obtenida hasta el momento. Pese a que no recibió grandes daños gracias a su blindaje, su comandante, al ver que no podía escapar, decidió embarrancarlo. Los estadounidense pensaron que la actitud del Cristóbal Colón de huir sin siquiera combatir era debida a la cobardía, y solo después de la batalla supieron que el barco no se le había instalado todavía su artillería principal y otros armamentos y por lo tanto poco podía hacer.

Todos los grandes cruceros, tras ser alcanzados por el fuego enemigo, aguantaron suficiente tiempo a flote como para ser embarrancados cerca de la costa sin hundirse, por lo que todos sus mandos y muchos de sus oficiales y marineros sobrevivieron a la batalla. Por el contrario, los pequeños destructores sufrieron daños más graves. Además de Villaamil, el militar de mayor graduación fallecido en la batalla, murió la práctica totalidad de los tripulantes. El cadáver de Fernando Villaamil nunca fue recuperado.

[editar] Consecuencias
Al final de la batalla, sólo el contratorpedero Plutón había sido hundido directamente por los disparos enemigos, pero todos los buques españoles estaban embarrancados y seriamente dañados. Los cañones españoles causaron pequeños daños en los buques estadounidense Brooklyn, Oregon, Texas, Indiana e Iowa. Los estudios posteriores a la batalla revelaron que ambas escuadras habían intercambiado un fuego impreciso, sin que fuera mejor el de los vencedores, pues los cañones de estos efectuaron cerca de 7.000 disparos, de los que sólo 123 alcanzaron el blanco.

Los datos más fiables sobre las víctimas reseñan un estadounidense muerto y dos heridos leves frente a 371 muertos, 151 heridos y 1.670 prisioneros españoles.

Cervera fue hecho prisionero. Otra suerte corrió el Capitán de Navío Fernando Villaamil, auténtico héroe y mártir de la batalla, que resultó muerto en combate a bordo del Furor.

El Capitán de Navío Joaquín Bustamante no participó en la batalla, pues había desembarcado al mando de las columnas de desembarco, resultó herido en la Batalla de las Colinas de San Juan, cerca de Santiago de Cuba y falleció pocos días después.

Tras la guerra Cervera tuvo que soportar la incoacción de un procedimiento contra él y sus oficiales supervivientes. El cual, tras el clamor popular y las voces que se pronunciaron a su favor desde el exterior, dieron como resultado el sobreseimiento de la causa y la restitución del honor del Almirante.

[editar] Conclusiones
La escuadra española fue enviada a una guerra perdida de antemano por unos dirigentes políticos que conocían la superioridad del enemigo, pero optaron por no enfrentarse a una población que había sido convencida del triunfo por una prensa irresponsable y sensacionalista y que no habría permitido que el ejército no actuara ante un ataque contra el territorio nacional (Cuba no era considerada una Colonia, sino una provincia más del país). El almirante Cervera y sus subordinados estaban resignados a ir a una guerra perdida en la que probablemente morirían.

Cervera y sus superiores mantenían posturas enfrentadas sobre la forma en que se debía actuar. Cervera acató siempre las órdenes recibidas, pero lo hizo a regañadientes, en el último momento y mostrando su disconformidad. La decisión de Cervera de salir de Santiago a pleno día y pegado a la costa sólo se explica desde el punto de vista humanitario, para tratar de minimizar el número de víctimas en la batalla, lo cual confirma que Cervera daba por perdida la batalla antes de iniciarla.

Esta forma de pensar coincide con su decisión inicial de evitar enfrentarse a la escuadra estadounidense y esperar resguardado en el puerto, lo que resultó indudablemente erróneo y contraproducente, pues de todos modos tuvo que acabar enfrentándose a la flota estadounidense, pero en una situación infinitamente más desventajosa que en una batalla en mar abierto, pues sus buques tuvieron que salir del puerto y prestar batalla de uno en uno. El puerto de Santiago era aparentemente un buen refugio, pues ofrecía protección a la flota frente a un ataque de fuerzas navales, pero, por esas mismas características, resultó una ratonera para la flota española al salir de puerto a prestar batalla.

Aunque hay que reconocer que las fuerzas navales españolas eran notablemente inferiores a las estadounidenses, Cervera fue incapaz de idear una estrategia militar coherente y estructurada. El Capitán de Navío Fernando Villaamil había propuesto realizar acciones ofensivas para hacer replegarse al enemigo y conseguir un mayor equilibrio de fuerzas, y el también Capitán de Navío Joaquín Bustamante había propuesto una salida nocturna escalonada. Ninguna de las dos propuestas fue atendida por Cervera, que optó por la inacción.

Además, Cervera pudo haber tomado otras decisiones erróneas: la distancia entre unos barcos y otros al salir fue excesiva, y resulta bastante discutible si el orden que eligió de salida de los barcos fue el adecuado.

Primera República Española

La Primera República Española fue el régimen político que hubo en España desde su proclamación por las Cortes, el 11 de febrero de 1873, hasta el 29 de diciembre de 1874, cuando el pronunciamiento del general Martínez Campos dio comienzo a la Restauración borbónica en España.

El primer intento republicano en la Historia de España fue una experiencia corta, caracterizada por la profunda inestabilidad política y social y la violencia. La República fue gobernada por cuatro presidentes distintos hasta que, tan sólo once meses después de su proclamación, se produjo el golpe de Estado del general Pavía y la instauración de una república unitaria dominada por el Duque de la Torre.

El período estuvo marcado por tres guerras civiles simultáneas: la Tercera Guerra Carlista, la sublevación cantonal en la península Ibérica y la Guerra de los Diez Años en Cuba. Los problemas más graves para la consolidación del régimen fueron la falta de verdaderos republicanos, la división de éstos entre federalistas y unitarios y la falta de apoyo popular.

Proclamación de la Primera República

Bandera, de carácter provisional, de la Primera República Española.El rey Amadeo I renunció al trono de España el día 11 de febrero de 1873. Esta renuncia estuvo motivada por las dificultades a las que tuvo que enfrentarse durante su corto reinado, como la guerra en Cuba, el estallido de la Tercera Guerra Carlista, la oposición de los monárquicos alfonsinos, que aspiraban a la restauración borbónica en la figura de Alfonso de Borbón, hijo de Isabel II, las diversas insurrecciones republicanas y la división entre sus propios partidarios.

El Congreso, con inclusión del Senado, estaba reunido en sesión conjunta y permanente, y, mientras esperaba alguna comunicación final del rey, se erigió en Asamblea Nacional. Imperaba en ésta una amplísima mayoría de parlamentarios monárquicos, pertenecientes a los dos partidos monárquicos y dinásticos que hasta entonces se habían turnado en el gobierno: el partido radical de Manuel Ruiz Zorrilla y el partido constitucional de Práxedes Mateo Sagasta. Junto a la abrumadora mayoría monárquica se sentaba en la Asamblea Nacional una minoría republicana, muy dividida entre federales y unitarios. Uno de ellos, el federalista Francisco Pi y Margall, presentó a la Asamblea la siguiente proposición:

La Asamblea Nacional asume los poderes y declara como forma de gobierno la República, dejando a las Cortes Constituyentes la organización de esta forma de gobierno.

Pi y Margall, en su defensa de la propuesta —de la que era firmante junto con Figueras, Salmerón y otros diputados—, aunque se reafirmaba como federalista, renunciaba en ese momento a imponer como forma de gobierno la República federal con la esperanza de que fueran las Cortes Constituyentes que debían convocarse quienes la declararan, y anunciaba su acatamiento a otra decisión distinta si así se adoptaba democráticamente. Emilio Castelar subió al estrado y pronunció este discurso:

Señores, con Fernando VII murió la monarquía tradicional; con la fuga de Isabel II, la monarquía parlamentaria; con la renuncia de don Amadeo de Saboya, la monarquía democrática; nadie ha acabado con ella, ha muerto por sí misma; nadie trae la República, la traen todas las circunstancias, la trae una conjuración de la sociedad, de la naturaleza y de la Historia. Señores, saludémosla como el sol que se levanta por su propia fuerza en el cielo de nuestra patria.
Tras el elocuente discurso de Castelar, entre encendidos aplausos, fue proclamada la República Española, con la resignación de los monárquicos, por 258 votos a favor y sólo 32 en contra:

La Asamblea Nacional resume todos los poderes y declara la República como forma de gobierno de España, dejando a las Cortes Constituyentes la organización de esta forma de gobierno. Se elegirá por nombramiento directo de las Cortes un poder ejecutivo, que será amovible y responsable ante las mismas Cortes.

En esta misma sesión, se eligió el primer gobierno de la República. El republicano federal Estanislao Figueras resultó elegido "Presidente del Poder Ejecutivo" (jefe de Estado y Gobierno) y no "Presidente de la República" pues nunca se llegó a aprobar la nueva Constitución que creaba ese cargo; en su discurso, dijo que la llegada de la República era «como el iris de paz y de concordia de todos los españoles de buena voluntad».

La aprobación de esas resoluciones sorprendió y desconcertó a toda España, ya que en las Cortes, elegidas pocos meses antes, los republicanos eran una minoría. Ruiz Zorrilla afirmaba en plena Asamblea:

Protesto y protestaré, aunque me quede solo, contra aquellos diputados que habiendo venido al Congreso como monárquicos constitucionales se creen autorizados a tomar una determinación que de la noche a la mañana pueda hacer pasar a la nación de monárquica a republicana.
Para muchos, dada la imposibilidad de restaurar a Isabel II y la juventud del futuro Alfonso XII, la República es la única salida posible, aunque sólo sea como medida provisional, en razón del fracaso inevitable que la aguarda.

Gobierno de Estanislao Figueras

Este primer gobierno lo formaban federales y progresistas, que ya habían sido ministros durante la monarquía. En él cuatro ministros del rey Amadeo; Echegaray, Becerra, Fernández de Córdoba y Berenguer, ocupaban los ministerios de Hacienda, Guerra, Marina y Fomento.

Al comenzar, afrontaban una desesperante situación financiera: déficit presupuestario de 546 millones de pesetas, 153 millones en deudas de pago inmediato y solo 32 millones para cubrirlas. El Cuerpo de Artillería había sido disuelto en el momento de más virulencia en las guerras cubana y carlista, para las que no había suficientes soldados, armamento ni dinero con el que alimentar o adquirirlo. Por otro lado, España atravesaba una aguda crisis económica, coincidente con la gran crisis mundial de 1873 y agudizada por la inestabilidad política; en los años precedentes había aumentado el paro entre jornaleros y obreros. Las organizaciones proletarias respondieron con huelgas, marchas, concentraciones de protesta y la ocupación de tierras abandonadas.

El 23 de febrero, el recién elegido presidente de la Asamblea Nacional, el radical Cristino Martos, organizó un intento de golpe de Estado, llegando la Guardia Civil a ocupar el Ministerio de Gobernación y la Milicia Nacional el Congreso, para instaurar una república unitaria. Esto provocó la primera remodelación del gobierno sustituyendo a los ministros progresistas por ministros republicanos federales.

Doce días después de proclamarse la República, se firmó solemnemente el cese del servicio militar obligatorio, y se creó el servicio voluntario. Cada soldado cobraría 1 peseta diaria y 1 chusco. Se creaba asimismo una milicia de voluntarios de la República, con un sueldo de 50 pesetas al alistarse y 2 pesetas y 1 chusco diarios.

El segundo gobierno de Figueras tuvo que enfrentarse al intento de proclamación del Estat Català el 9 de marzo dentro de la República Federal Española, que fue superado tras una serie de gestiones telegráficas con los dirigentes catalanes. Poco después, el 23 de abril, se produjo un nuevo intento de golpe de Estado preparado por alfonsinos, miembros de la Unión Liberal, progresistas de Sagasta y sectores monárquicos del Ejército, pero fracasaron cuando varias unidades se abstuvieron a última hora.

Se suele considerar a Pi y Margall como el alma de este gobierno que hubo de enfrentarse a un sinfín de problemas ya endémicos para la Primera República (Tercera Guerra Carlista; sublevaciones separatistas, en este caso de Cataluña; indisciplina militar, conspiración monárquica, etc.); su gobierno disolvió la Asamblea y convocó Cortes Constituyentes para el 1 de mayo. El 23 de abril, Cristino Martos, esta vez amparado en el gobernador civil de Madrid, Estébanez, intentó un nuevo golpe de Estado: un batallón de milicianos tomó posiciones en el Paseo del Prado y cuatro mil voluntarios más, perfectamente armados, se concentraron en la plaza de la Independencia con el pretexto de pasar revista. Enterado de la intentona golpista, Pi y Margall (a la sazón ministro de Gobernación) movilizó a la Guardia Civil. El ministro de la Guerra, por su parte, tras nombrar capitán general de Madrid a Baltasar Hidalgo, ordenó que el brigadier Carmona, con un batallón de infantería y algunas unidades de artillería y caballería, marchara sobre los milicianos: el golpe de Estado fracasó apenas iniciado, y el gobierno disolvió la Comisión Permanente del Congreso y los batallones que participan en la conjura.

El gobierno convocó elecciones a Cortes Constituyentes para el 10 de mayo, que resultaron en 343 escaños para republicanos federales y 31 para el resto de fuerzas políticas. Las elecciones se desarrollaron en condiciones muy poco ortodoxas, y su representatividad resultó ridícula, pues no participaron ni los carlistas (en guerra desde 1872), ni los monárquicos alfonsinos de Cánovas del Castillo, ni los republicanos unitarios, ni tan siquiera las incipientes organizaciones obreras adscritas a la Internacional, que se pronunciaron por la abstención[cita requerida]. Fueron posiblemente los comicios con la participación más baja de la Historia de España[cita requerida].

El Presidente, haciendo cumplir lo que ordenaba el Reglamento de las Cortes para la aprobación definitiva de las propuestas de ley, dispuso celebrar una votación nominal al día siguiente. El 8 de junio se aprobó la propuesta con el voto favorable de 219 diputados y solamente 2 en contra, proclamándose ese día la República federal. Al tiempo, los federalistas apostaban por un modelo confederal de tipo helvético, constituyéndose directamente en cantones independientes.

Así narraba Benito Pérez Galdós el clima parlamentario de la Primera República:

Las sesiones de las Constituyentes me atraían, y las más de las tardes las pasaba en la tribuna de la prensa, entretenido con el espectáculo de indescriptible confusión que daban los padres de la Patria. El individualismo sin freno, el flujo y reflujo de opiniones, desde las más sesudas a las más extravagantes, y la funesta espontaneidad de tantos oradores, enloquecían al espectador e imposibilitaban las funciones históricas. Días y noches transcurrieron sin que las Cortes dilucidaran en qué forma se había de nombrar Ministerio: si los ministros debían ser elegidos separadamente por el voto de cada diputado, o si era más conveniente autorizar a Figueras o a Pi para presentar la lista del nuevo Gobierno. Acordados y desechados fueron todos los sistemas. Era un juego pueril, que causaría risa si no nos moviese a grandísima pena.

Presidiendo un Consejo de Ministros, harto de debates estériles, llegó Estanislao Figueras a gritar en catalán: «Señores, ya no aguanto más. Voy a serles franco: ¡estoy hasta los cojones de todos nosotros!»[2] Tan harto que el 10 de junio dejó disimuladamente su dimisión en su despacho en la Presidencia[3] se fue a dar un paseo por el parque del Retiro y, sin decir una palabra a nadie, tomó el primer tren que salió de la estación de Atocha. No se bajó hasta llegar a París.


Gobierno de Francisco Pi y Margall
La república federal para Pi y Margall:

El procedimiento —no hay para qué ocultarlo—, era abiertamente contrario al anterior: el resultado podía ser el mismo. Representadas habían de estar en las nuevas Cortes las provincias, y, si éstas tenían formada idea sobre los límites en que habían de girar los poderes de los futuros Estados, a las Cortes podían llevarla y en las Cortes sostenerla. Como determinando la esfera de acción de las provincias habría venido a quedar determinada por el otro procedimiento la del Estado, determinando ahora la del Poder central, se determinaba, se quisiera o no, la de las provincias. Uno y otro procedimiento podían, a no dudarlo, haber producido una misma constitución y no habría sido, a mi manera de ver, ni patriotismo ni político dificultar, por no transigir por este punto, la proclamación de la República.
Si el procedimiento de abajo arriba no era más lógico y más adecuado a la idea de la Federación, era, en cambio, el de arriba abajo más propio de una nacionalidad ya formada como la nuestra, y en su aplicación mucho menos peligroso. No había por él solución de continuidad en el Poder; no se suspendía ni por un solo momento la vida de la nación; no era de temer que surgiesen graves conflictos entre las provincias; era la obra más fácil, más rápida, menos expuesta a contratiempos y vaivenes...

Francisco Pi y Margall

Tras la huida a Francia de Figueras, al advertir el vacío de poder ya iba a pronunciarse el general Manuel Sodas cuando un coronel de la Guardia Civil, José de la Iglesia, se presentó con un piquete en el edificio del Congreso y anunció a los diputados que de allí no salía nadie hasta que eligieran a un nuevo Presidente. Eligieron el día 11 de junio al también federalista Francisco Pi y Margall, que al presentar a su gobierno ante la Asamblea declaró que no tenía programa y que no sabía qué hacer. El esfuerzo principal del nuevo gobierno sería la elaboración de una nueva Constitución, así como la aprobación de una serie de leyes de carácter social: el reparto de tierras desamortizadas entre arrendatarios, colonos y aparceros, el restablecimiento del ejército regular, con levas obligatorias, la separación de la Iglesia y el Estado, la abolición de la esclavitud, la enseñanza obligatoria y gratuita, la limitación del trabajo infantil, la creación de jurados mixtos de empresarios y trabajadores, el derecho a la sindicación obrera y la jornada de trabajo de 8 horas.

El 16 de junio se eligió una comisión de 25 miembros que debía elaborar la nueva Constitución, presentándose el proyecto de Constitución Federal de la República Española, cuya redacción se atribuye principalmente a Castelar, al día siguiente para su debate.

El 28 de junio, Pi y Margall renovó la composición de su gobierno, pero debido a la lentitud y las constantes demoras durante los debates sobre la nueva Constitución, los acontecimientos se precipitaron con una celeridad asombrosa. El 30 de junio el ayuntamiento de Sevilla acordó transformarse en República Social, y al día siguiente los diputados federales intransigentes abandonaron las Cortes. Una semana más tarde, el 9 de julio, Alcoy se declara independiente: desde el día 7 de julio estaban teniendo lugar una ola de asesinatos y ajustes de cuentas al amparo de una huelga revolucionaria (la llamada Revolución del petróleo dirigida por elementos locales de la sección española de la AIT). Era sólo el comienzo. Poco después, comienza la sublevación cantonalista con huelgas generales en toda España, soldados asesinando a oficiales, alcaldes linchados, y un centenar de muertos.

Los focos federales del país no estallaron en forma de Estados autónomos, sino en una constelación de cantones independientes. Los levantamientos se suceden por diversas localidades del Valencia, Murcia y Andalucía fundamentalmente. Los hubo de ámbito provincial como Valencia y Málaga, otros más localizados, como Alcoy, Cartagena, Sevilla, Cádiz, Almansa, Torrevieja, Castellón, Granada, Salamanca, Bailén, Andújar, Tarifa y Algeciras, y los hubo incluso como tan pequeños como el pueblo manchego de Camuñas y el murciano de Jumilla[cita requerida]. Según se afirma éste último proclamó un manifiesto que se haría famoso:


Sello del cantón federal de Valencia."La nación jumillana desea vivir en paz con todas las naciones vecinas y, sobre todo, con la nación murciana, su vecina; pero si la nación murciana, su vecina, se atreve a desconocer su autonomía y a traspasar sus fronteras, Jumilla se defenderá, como los héroes del Dos de Mayo, y triunfará en la demanda, resuelta completamente a llegar, en sus justísimos desquites, hasta Murcia, y a no dejar en Murcia piedra sobre piedra."
No obstante, no existe constancia en el archivo municipal de la localidad ni de tal manifiesto ni de proclamación alguna, discurriendo al parecer las sesiones del periodo dentro de los cauces normales. Tal circunstancia ha llevado a algunos historiadores a negar la autenticidad de tal manifiesto y la propia existencia del Cantón de Jumilla, cuya invención atribuyen a mera propaganda antirrepublicana.

El más conocido y activo de todos los cantones fue el de Cartagena, que estalló el 12 de julio en aquella base militar y naval, bajo la inspiración del diputado federal huertano Antonio Gálvez Arce, conocido como Antonete.


Bandera cantonal de Cartagena en 1873.La primera hazaña de los cantonales cartageneros fue apoderarse del castillo de San Julián, lo que motivó un curioso telegrama del capitán general del Departamento al ministro de Marina: «Castillo San Julián enarbola bandera turca»[cita requerida]. Esa "bandera turca" era en realidad la bandera roja de la República Federal, la primera bandera roja en la historia de España. Gálvez apasionó a la marinería con su inflamada oratoria y se apoderó de la escuadra fondeada en el puerto, que en ese momento se componía de lo mejor de la Armada. Con la flota en su poder sembró el terror en la costa mediterránea próxima, y fue declarado pirata y buena presa por decreto del gobierno de Madrid. Ya en tierra, dirigió una marcha sobre Madrid que fue desbaratada en Chinchilla. El cantón de Cartagena acuñó moneda propia, el duro cantonal, y resistió seis meses de guerra e independencia.

Dos fragatas cantonales, la Almansa y la Vitoria, salieron de Cartagena «hacia una potencia extranjera» (es decir, a Almería), para recaudar fondos. Al negarse la ciudad a pagar, fue bombardeada y tomada por los cantonalistas, quienes se cobraron ellos mismos el tributo. El general Contreras, al mando de la flota, se hizo rendir honores al desembarcar, curiosamente al son de la Marcha Real. A continuación, repitieron hazaña en Alicante y, de vuelta a Cartagena, fueron apresados como piratas por las fragatas acorazadas HMS Swiftsure y SMS Friedrich Karl, británica y alemana respectivamente.


Principales escenarios del levantamiento cantonalista y de la Tercera Guerra Carlista.Según Emilio Castelar:

Hubo días de aquel verano en que creíamos completamente disuelta nuestra España. La idea de la legalidad se había perdido en tales términos que un empleado cualquiera de Guerra[4] asumía todos los poderes y lo notificaba a las Cortes, y los encargados de dar y cumplir las leyes desacatábanlas sublevándose o tañendo arrebato contra la legalidad. No se trataba allí, como en otras ocasiones, de sustituir un Ministerio existente ni una forma de Gobierno a la forma admitida; tratábase de dividir en mil porciones nuestra patria, semejantes a las que siguieron a la caída del califato de Córdoba. De provincias llegaban las ideas más extrañas y los principios más descabellados. Unos decían que iban a resucitar la antigua coronilla de Aragón, como si las fórmulas del Derecho moderno fueran conjuros de la Edad Media. Otros decían que iban a constituir una Galicia independiente bajo el protectorado de Inglaterra. Jaén se apercibía a una guerra con Granada. Salamanca temblaba por la clausura de su gloriosa universidad y el eclipse de su predominio científico [...] La sublevación vino contra el más federal de todos los Ministerios posibles, y en el momento mismo en que la Asamblea trazaba un proyecto de Constitución, cuyos mayores defectos provenían de la falta de tiempo en la Comisión y de la sobra de impaciencia en el Gobierno.
Más grave incluso era el problema de la Tercera Guerra Carlista, que campaba por sus respetos con total libertad en las Vascongadas, Navarra y Cataluña, y extendía su acción a toda la península a través de partidas, mientras que el pretendiente Carlos VII había formado en Estella un gobierno con sus propios ministerios, que comenzaba incluso a acuñar moneda, mientras que la connivencia de los franceses les permitía recibir ayuda externa.

Sin tiempo para que la Constitución de la República Federal pudiera ser aprobada en las Cortes, Pi y Margall se vio en una situación crítica. Se negaba a reprimir la rebelión de los cantones porque declaraba, con toda lógica, que los sublevados no hacían más que seguir la doctrina que él había proclamado, en vista de lo cual, se vio forzado a dimitir el 18 de julio, tras 37 días de mandato. De esta forma describió las decepciones que le había dado la política:

Han sido tantas mis amarguras en el poder, que no puedo codiciarlo. He perdido en el gobierno mi tranquilidad, mi reposo, mis ilusiones, mi confianza en los hombres, que constituía el fondo de mi carácter. Por cada hombre agradecido, cien ingratos; por cada hombre desinteresado y patriótico, cientos que no buscaban en la política sino la satisfacción de sus apetitos. He recibido mal por bien...
[editar] Proyecto de Constitución Federal
Artículo principal: Proyecto de Constitución Federal de 1873

Alegoría de La Niña Bonita sobre la I República Española,[5] publicada en La Flaca, revista humorística y liberal del siglo XIX.El proyecto de Constitución Federal de la Primera República Española se desarrollaba a lo largo de 117 artículos organizados en 17 títulos.

En su primer artículo fijaba lo siguiente:

Componen la Nación Española los Estados de Andalucía Alta, Andalucía Baja, Aragón, Asturias, Baleares, Canarias, Castilla la Nueva, Castilla la Vieja, Cataluña, Cuba, Extremadura, Galicia, Murcia, Navarra, Puerto Rico, Valencia, Regiones Vascongadas. Los Estados podrán conservar las actuales provincias o modificarlas, según sus necesidades territoriales.
Estos estados tendrían una «completa autonomía económico-administrativa y toda la autonomía política compatible con la existencia de la Nación», así como «la facultad de darse una Constitución política» (artículos 92º y 93º).

El proyecto de Constitución preveía en su Título IV, además de los clásicos Poder Legislativo, Poder Ejecutivo y Poder Judicial, un cuarto Poder de Relación que sería ejercido por el Presidente de la República.

El Poder Legislativo estaría en manos de las Cortes Federales, que se compondrían de: Congreso y Senado, siendo el Congreso una cámara de representación proporcional con un diputado «por cada 50.000 almas» que se renovaría cada dos años, y el Senado, una cámara de representación territorial siendo elegidos cuatro senadores por las Cortes de cada uno de los Estados.

El Poder Ejecutivo sería ejercido por el Consejo de Ministros, cuyo Presidente sería elegido por el Presidente de la República.

El artículo 40 del proyecto disponía: «En la organización política de la Nación española todo lo individual es de la pura competencia del individuo; todo lo municipal es del Municipio; todo lo regional es del Estado, y todo lo nacional, de la Federación». El artículo siguiente declaraba que «Todos los poderes son electivos, amovibles y responsables», y el artículo 42 que «La soberanía reside en todos los ciudadanos, y se ejerce en representación suya por los organismos políticos de la República, constituida por medio del sufragio universal».

El Poder Judicial residiría en el Tribunal Supremo Federal, que se compondría «de tres magistrados por cada Estado de la Federación» (artículo 73º) que nunca serían elegidos por el Poder Ejecutivo ni el Poder Legislativo. Además establecía que todos los tribunales serían colegiados y la institución del Jurado para toda clase de delitos.

El Poder de relación sería ejercido por el Presidente de la República Federal cuyo mandato duraría «cuatro años, no siendo inmediatamente reelegible», como dice el artículo 81º del proyecto.

[editar] Gobierno de Nicolás Salmerón

Retrato de Nicolás Salmerón Alonso.Tras aceptar la dimisión de Pi y Margall, fue elegido Presidente del Poder Ejecutivo Nicolás Salmerón, con 119 votos a favor y 93 votos en contra.

El nuevo presidente, que era un republicano federal moderado, defendía la necesidad de llegar a un entendimiento con los grupos más moderados o conservadores y una lenta transición hacia la república federal. Su oratoria era demoledora. Francisco Silvela decía que Salmerón, en sus discursos, sólo usaba un arma: la artillería. Antonio Maura caracterizaba el tono profesoral de don Nicolás diciendo que «siempre parece que esté dirigiéndose a los metafísicos de Albacete».

Ya durante su etapa como Ministro de Gracia y Justicia en el gobierno de Estanisalo Figueras, promovió la abolición de la pena de muerte, así como la independencia del poder judicial frente al político.

Su nombramiento produjo una intensificación del movimiento cantonalista, para cuyo control tuvo que recurrir a generales abiertamente contrarios a la República Federal, mandando sendas expediciones militares a Andalucía y Valencia, al mando de los generales Pavía y Martínez Campos respectivamente, que uno tras otro fueron sometiendo a los distintos cantones, excepto el de Cartagena que resistiría hasta el 12 de enero de 1874.

Sus generales le solicitaron el “enterado” del gobierno y su firma para ejecutar varias sentencias de muerte a varios soldados desertores en el frente carlista, imprescindible, según ellos, para la recuperación de la disciplina del ejército. Salmerón, hombre de principios liberales muy avanzados, se negó a conceder el “enterado”, y, tal como figura inscrito en la piedra de su mausoleo, «abandonó el poder por no firmar una sentencia de muerte». De tal modo, dimitió el 6 de septiembre.

[editar] Gobierno de Emilio Castelar
Al día siguiente, el 7 de septiembre, fue elegido para ocupar la Presidencia del Poder Ejecutivo el unitario Emilio Castelar, catedrático de Historia y destacado orador, por 133 votos a favor frente a los 67 obtenidos por Pi y Margall. Durante su anterior etapa, como Ministro de Estado en el gobierno de Estanislao Figueras, promovió y consiguió que se aprobase la abolición de la esclavitud en el territorio ultramarino de Puerto Rico, aunque no en Cuba por la situación de guerra que vivía.

Con motivo de la difícil situación por la que pasaba la República, con el agravamiento de la Guerra Carlista, Emilio Castelar comenzó la reorganización del ejército, anunciando ante las Cortes que «para sostener esta forma de gobierno necesito mucha infantería, mucha caballería, mucha artillería, mucha Guardia civil y muchos carabineros». A pesar de la oposición federalista, las Cortes le concedieron poderes extraordinarios para gobernar, tras lo cual se cerraron las Cortes el 20 de septiembre. Confirmó las sentencias de muerte que provocaron la dimisión de su predecesor, restableció el orden y dejó a punto de rendición a los cantonales de Cartagena.


Entrada de las tropas del general Pavía en el Congreso de los Diputados el 3 de enero de 1874.Sin embargo, el caos provocado por la sublevación cantonal y el recrudecimiento de la Guerra Carlista le llevaron a reabrir las Cortes el 2 de enero de 1874, para someter a votación la gestión de su gobierno y recabar plenos poderes con los que salvar a la República del descrédito total.[6]

Se abrió, en efecto, la sesión de Cortes el 2 de enero de 1874 pero los federales se lanzaron en tromba contra don Emilio Castelar, a quien respaldaba el capitán general de Madrid, don Manuel Pavía, antiguo partidario de Prim, con quien se había alzado en Villarejo de Salvanés. Dos fuerzas bien diferentes amenazaban con interrumpir las deliberaciones de las Cortes: los federales, deseosos de acabar con Castelar a mano airada, y las tropas del general Pavía, partidario de Castelar, que tenía decidido acudir en su socorro para evitar su derrota ante el federalismo.

Salían ya los regimientos comprometidos por la orden del capitán general, cuando las Cortes conocieron la derrota de Castelar por 119 votos contra 101. Dimitió el último presidente de la República, y el de las Cortes, que era Nicolás Salmerón, ordenó proceder a nueva votación para elegir a un nuevo jefe del Poder Ejecutivo.

Pavía se situó en la plaza frente al edificio con su estado mayor y ordenó a dos ayudantes que impusieran a Salmerón la disolución de la sesión de Cortes y el desalojo del edificio en cinco minutos. La Guardia Civil, que custodiaba el Congreso, se puso a las órdenes del general y ocupó los pasillos del Congreso (sin llegar a entrar en el hemiciclo). Eran las siete menos cinco de la mañana, cuando se estaba procediendo a la votación para elegir al candidato federal Eduardo Palanca, y Salmerón, al recibir la orden del capitán general, suspendió la votación y comunicó el gravísimo suceso a los diputados. Entonces, éstos abandonaron el edificio a toda prisa, entre escenas de exacerbado histerismo; algunos incluso se descolgaron por las ventanas. Pavía, sorprendido, preguntó: «Pero señores, ¿por qué saltar por las ventanas cuando pueden salir por la puerta?».

Pavía, que era republicano unitario, le ofreció a Emilio Castelar continuar en la presidencia, pero este rehusó al no querer mantenerse en el poder por medios antidemocráticos. Estos hechos supusieron el final oficioso de la Primera República, aunque oficialmente continuaría casi otro año más.

[editar] La República unitaria
En medio de la convulsión política, entró en Cartagena el 12 de enero el general López Domínguez, sustituto de Martínez Campos, mientras Antonete Gálvez, con más de mil hombres, lograba eludir el cerco a bordo de la “Numancia”, y poner rumbo a Orán. El final de la experiencia cantonal fue pagado por Gálvez con el exilio, pero la Restauración le permitió, mediante amnistía, regresar a su Torreagüera natal. En esta época entablaría una extraña y entrañable amistad con don Antonio Cánovas del Castillo, máximo responsable de la Restauración, quien consideraba a Gálvez un hombre sincero, honrado y valiente, aunque de ideas políticas exageradas.

Entretanto, tras la negativa de Emilio Castelar, se encargó al general Serrano, recién regresado de su exilio en Biarriz por su implicación en la intentona golpista del 23 de abril, la formación de un gobierno de concentración que agrupó a monárquicos, conservadores y republicanos unitarios, y del que se excluyó a los republicanos federales.

Francisco Serrano, duque de la Torre, de 63 años, antiguo colaborador de Isabel II, ya había desempeñado por dos veces la jefatura del Estado. Proclamó la República unitaria, haciéndose cargo de la Presidencia del Poder Ejecutivo, y gobernó prescindiendo de las Cortes en una dictadura republicana conservadora. Durante su mandato se sometió al último de los cantones insurrectos, el de Cartagena, y se concentraron los esfuerzos en la guerra carlista en el norte de España. El general intentó sin éxito consolidarse en el poder de forma dictatorial, según el ejemplo del régimen de duques y generales que se imponía en Francia a la caída de Napoleón III y tras la derrota de la Comuna de París.

A los pocos meses, el 13 de mayo cedió la presidencia del gobierno a Juan de Zavala y de la Puente para encargarse personalmente de las operaciones contra los carlistas en el norte. Y más tarde le encargó el gobierno a Práxedes Mateo Sagasta el 3 de septiembre. El 10 de diciembre comenzó el sitio de Pamplona, pero el pronunciamiento de Sagunto lo interrumpió.

[editar] Final de la Primera República
El 29 de diciembre de 1874, el general Martínez Campos se pronunció en Sagunto a favor de la restauración en el trono de la monarquía borbónica en la persona de don Alfonso de Borbón, hijo de Isabel II. El gobierno de Sagasta no se opuso a este pronunciamiento, permitiendo la restauración de la monarquía. El triunfo de la restauración borbónica se logró gracias al trabajo previo de Antonio Cánovas del Castillo, que sin embargo era contrario al pronunciamiento militar.

Hasta 1931, los republicanos españoles celebraban el 11 de febrero, aniversario de la Primera República. Posteriormente, la conmemoración se trasladó al 14 de abril, aniversario de la proclamación de la Segunda República, que además, entre 1932 y 1938fue fiesta nacional.

Sabino Arana

Sabino Arana.Sabino Policarpo Arana Goiri (Abando, Vizcaya, 26 de enero de 1865 – Pedernales, Vizcaya, 25 de noviembre de 1903) fue un político, escritor e ideólogo español al que se considera padre del nacionalismo vasco.

Tras haber militado en el movimiento carlista, fundó el Eusko Alderdi Jeltzalea – Partido Nacionalista Vasco (EAJ–PNV), partido que dirigió y por el que llegó a ser diputado provincial de Vizcaya. A él también se debe la creación de la ikurriña, actual bandera de la Comunidad Autónoma del País Vasco.

En 1903 murió a la temprana edad de 38 años a causa de la enfermedad de Addison, dejando plasmada su ideología en 33 obras poéticas, 14 libros políticos y literarios y más de 600 artículos en prensa.

Aún en la actualidad su pensamiento continúa siendo polémico, muy criticado por sus detractores (quienes denuncian su fundamento racista o xenófobo) y justificado por sus seguidores (quienes atienden al contexto histórico de la época).

Asesinato del General Prim

Juan Prim salía de casa la noche del 27 de diciembre de 1870 a las 19:30, dirigiéndose en un carruaje al Ministerio de la Guerra acompañado de su ayudante personal Nandín y del coronel Moya. Al llegar a la calle del Turco, se encontraron dos berlinas detenidas al final de la misma, desembocando ya en la calle Alcalá.

El carruaje del general Prim tuvo que detenerse ante el imprevisto entorpecimiento. El coronel Moya, que iba situado junto a la ventana se asomó para ver en qué consistía la detención, viendo tres hombres vestidos con blusas que apuntaban carabinas o retacos.

En ese momento el Moya gritó “¡Bájese usted, mi general, que nos hacen fuego!“. Inmediatamente sonaron tres detonaciones por el lado izquierdo y algunas más por el lado derecho. El cochero, al advertir lo que pasaba, comenzó a insultar y dar latigazos a los asesinos, así como azotó a los caballos para que arrancaran rápidamente atropellando a los dos carruajes que se habían interpuesto en el camino.

Una vez estuvieron en la calle Alcalá, el cochero y el coronel Moya ayudaron a los heridos, el general Prim y su ayudante, a subir al Ministerio de la Guerra. El general Prim subió por sí solo, viéndose ayudado únicamente de la barandilla, pero con la mano y el hombro visiblemente dañados.

I: General Prim pintado por Serrano
Esto es una adaptación de la crónica del suceso publicada el día 28 de diciembre de 1870 en La Información. Ninguna de las heridas que recibió el general Prim aquel día era mortal y unos cuidados correctos hubieran asegurado la curación. No fue hasta el día 29 de diciembre, dos días después del atentado, cuando se comenzó la extracción de los proyectiles, localizando un total de ocho proyectiles en su herida del hombro, no siento utilizados los medios correctos de cauterización de las heridas.

La mañana del 30 de Diciembre, las heridas se habían infectado notablemente, complicando la salud del general Prim. Fue entonces cuando se avisó por primera vez al doctor Sánchez Toca, el mejor cirujano de la ciudad, para que se ocupara del general Prim. Éste, tras reconocer a Prim dijo: “Me trae usted a ver un cadáver".

General Prim

Fue un soldado y un líder político. A la edad de diecinueve años se alistó en uno de los primeros batallones de infantería de Isabel II que se organizaron en Reus para pelear contra los carlistas; recibió su bautismo de fuego el 7 Agosto de 1834 y pronto tuvo su primer acto mencionable al conducir una carga de bayonetas contra el grupo de casas de Raurell de Sagàs.

Al terminar la guerra en 1840, siempre había peleado en Cataluña, era coronel y había ascendido por méritos en el campo de batalla, además había sido distinguido con dos cruces de San Fernando.

Participó en treinta y cinco contiendas, habiendo muerto personalmente cinco enemigos y se habia enrolado ocho veces. Se distinguió entre la tropa por haber sido el primero en entrar en combate en los ataques a Solsona y Àger y por mostrar gran habilidad táctica en la segunda batalla de Peracamps (Abril 1840).

Fue un liberal convencido, al final de la guerra fue eligido diputado al parlamento por Tarragona (1841) y se incluyó entre los progresistas. Pero pronto se distanció de Espartero y el 30 de Mayo de 1843 peleó contra Martín Zurbano.

A la constitución del Ministerio Universal de Serrano, en Barcelona, y la caída de Espartero, Prim acompañó a Serrano a Madrid, pero tuvo que volver a Barcelona como Gobernador Militar (Agosto 1843), para combatir la revuelta de Jamància que dominó la ciudad. Estos sucesos lo promovieron y fue nombrado Conde de Reus y Vizconde de Bruc.

En 1847 fue nombrado Capitán General de Puerto Rico. Facilitó la entrada de capital y colonizadores para activar la vida económica, y reprimió el bandillaje y las rebeliones de los esclavos; estas y otras medidas impopulares condujeron al gobierno a su sustitución en el verano de 1848.

















Luego fue elegido diputado, primero por Vic (1851) y después por Barcelona (1853). En 1851, junto con otros diputados catalanes, pidió que el gobierno discutiera el estado de sitio en Cataluña, y a la vez denunció la arbitrariedad del gobierno central con el Principado.

En 1853 mandó una comisión militar española que observara los Crimenes de Guerra, con el ejército Turco.

Volvió a Madrid a consecuencia de la revolución de 1854.

El gobierno progresista que surgió de la "Vicalvarada" (1854), que terminó la década moderada, lo nombró Capitan General de Granada (1855-56).

En 1856 se casó en la iglesia de La Madeleine en París con Francisca Agüero, hija de un banquero mexicano.
Participó en 1859-60 en la campaña de Marruecos, en que fue el general más distinguido, aunque mandó la divisiones de reserva. Se le concedió el título de Marqués de Castillejos y Grande de España, como gratificación.

Cuando, al final de 1861, Francia, Inglaterra y España determinaron una intervención militar en México para cobrar una deuda importante contratada con estos países, Prim condujo la expedición española que peleó en la guerra mexicana. Benito Juárez, entonces presidente de México, determinó la suspensión de pagos, en medio de los civiles conservadores y liberales. De hecho, los europeos deseaban dar el apoyo a los conservadores con el fin de recolonizar y para establecer un régimen monárquico.

El General Prim inicialmente ocupó la fortaleza de San Juan de Ulúa y la ciudad de Veracruz, donde levantó la bandera española, lo que indignó al otro aliado. La parte mexicana y Prim convocaron una conferencia, en Orizaba, para discutir el problema entre España y México, donde José González Echevarría, un pariente de Francisca Agüero, intervino decisivamente. Finalmente, Prim firmó con los representantes del gobierno mexicano el acuerdo de La Soledad (Febrero 1862).




Antes de volver a España, Prim fue a los EEUU, un país en medio de una guerra civil. Consiguió saber los contactos e intereses económicos entre este país y Cuba. Luego, como resultado de esta experiencia internacional, se ocuparía de los intentos de negociación de la independencia de la isla con los EEUU y con los líderes de la rebelión Cubana.



Al volver a España se unió el partido progresista.


Acusado de conspiración, se trasladó a Oviedo (1864); de ahí en adelante rompe abiertamente con Narváez, con O'Donnell y el trono y se unió a la conspiración. El preparó pronunciamientos en Valencia (Junio 1865), Villarejo de Salvanés (Enero 1866), revuelta de las sargentos del San Gil de los cuarteles en Madrid (Junio 1866) y Valencia (Agosto 1867).


Entre 1864 y 1868 ejecutó el papel de conspirador liberal en Europa. Con la muerte de Leopoldo O'Donnell, y respaldado por los sindicalistas (verano de 1868), fue el alma de la Revolución de Septiembre de 1868, que obtuvo el derrocamiento de Isabel II.


El 19 Septiembre, con la colaboración de Ruiz Zorrilla, Sagasta y otros líderes políticos, lanzó el manifiesto "España con honor" y, con la ayuda del General Serrano y el brigadier de marina J.B.Topete, desembarcó en Cadiz.


Mientras fuerzas del ejército alzadas contra Isabel II marchaban sobre Madrid, Prim extendió la revuelta a lo largo de Andalucía y la costa del Mediterránea hasta Barcelona, que lo recibió triunfante; de allí fue a Tarragona y Reus.

El 7 Octubre alcanzó Madrid y asumió la dirección el ministerio de guerra del gobierno provisional presidido por Francisco Serrano.

En Junio de 1869, con la promulgación de la nueva Constitución, Serrano llegó a ser regente y Prim el jefe del gobierno, mientras tenía el ministerio de guerra. En esta etapa del gobierno provisional, Prim defendió con realismo, la necesidad de una monarquía constitucional y buscó una dinastía que la respetara. Fracasaron sus contactos con Ferdinand de Saxe-Coburg y Gotha, regente de Portugal, y con el Príncipe Leopold von Hohenzollern-Sigmari (el que indirectamente provocó el Franco-Prussian Guerra de 1870-71).

La elección de Prim fue Amadeo de Savoya, duque de Aosta, y presentó su candidatura al Parlamento, que la aprobó (16 Noviembre 1870).

El 27 Diciembre, mientras Amadeo reinaba en España, seis pistoleros dispararon sus armas contra Prim, el la calle del Turco, en Madrid, y lo hirieron en el brazo y muslo. Las heridas no eran serias, pero se llegaron a infectar y murió tres de días después.

Prim tuvo muchos enemigos : el duque de Montpensier, el regente Serrano, los esclavos y comerciantes de la Habana, etc. parece, sin embargo, que la persona directamente responsable fue un republicano fanático el Andaluz José Paul y Angulo.

Tuvo dos hijos, Joan, duque de Castillejos, e Isabel. Está considerada una de las figuras políticas catalanas más importantes del S.XIX.