En Taganana embarcó
el Piloto sin ultraje,
el que en este mismo viaje
su nombre inmortalizó,
por lo bien que se portó
demostrando su aptitud.
Náutico de pulcritud
no serás puesto en olvido,
Martín Pérez fue nacido
en el Puerto de la Cruz .
6ª
El Piloto no tenía,
ya que tanto fue su empeñó,
del terreno más pequeño
datos de la Geografía,
carta de mar no traía
este joven navegante,
sin tener un comprobante
latitud en que se encontraba
porque el barco no llevaba
corredera ni sextante.
7ª
Puso rumbo al Occidente,
es que creía palpable
más los vientos favorables
para ir al Continente
hallar brisas competentes,
nunca procela intención;
creyendo una aberración,
se promovieron disputas,
por ser aquélla la ruta
del Almirante Colón
jueves, 17 de marzo de 2011
Inmigración en la Dictadura de Franco
Se emigró principalmente a Europa, donde se llegó a la cifra oficial de 1.066.440 de emigrantes registrados en los países europeos en 1973, aunque esta cifra era superior si se contaran los emigrantes ilegales no registrados por las autoridades españolas. Una de las historias más interesantes creo es la de la emigración de los canarios a Venezuela, que en aquella época era un país rico y tierra de promisión para una harapientos y hambrientos españoles que veían en ese país lo mismo que los emigrantes de otros países ven ahora en España.
Si quiero referirme a esta emigración Canaria a Venezuela es por la manera que se produjo en gran parte esa emigración, hoy en día llegan a las costas española cayucos y pateras provenientes de África cargados de emigrantes que buscan en España la tierra de promisión, en esa época eran los denominados barcos fantasmas, pequeños veleros y pesqueros que emprendían la aventura de cruzan casi sin medios el Atlántico para llegar a aquella tierra de promisión que era Venezuela.
Se daba el nombre de barcos fantasmas a aquellos veleros que desaparecían de tierras Canarias, de los que a veces se recibía noticias de su presencia en alta mar y que tras unos de unos 40 días aparecían en tierras Venezolanas con sus respectivos tripulantes y pasajeros.
Los barcos salían de su puerto en alguna de las islas Canarias y una vez en alta mar fuera de la vista de tierra, de noche cambiaban su rumbo y se dirigían a un punto acordado de la costa canaria donde embarcaban víveres y pasajeros. En algunos casos se dividía la cabina interna con un piso horizontal nuevo para poder colocar mas pasajeros, estos dormían sobre tablas y sacos, en pésimas condiciones, rodeados de piojos y sus propios vómitos.
Algunos de estos barcos fantasmas hacían la travesía baja la mano de patrones expertos que conocían la navegación y el barco llevándolo sin problemas, pero otros los llevaban patrones con poca experiencia, que no conocían ni los Alisios ni las corrientes, navegaban sin cartas de navegación, ni sextante, ni siquiera una corredera, solo sabían que Venezuela estaba donde se ponía el sol y con estos escasos conocimientos ponían rumbo oeste.
El alimento preferido para la travesía era el gofio, que se conservaba muchos días, las papas más resistentes eran consumidas después con otros alimentos menos usados. El gran problema era el agua para beber, se daban raciones entre ¼ y ½ litro de agua por persona, pero esta a veces no llegaba para toda la travesía y con suerte podían seguir con agua que pedían a algún barco que encontraban o bien agua de lluvia que recogían con lonas.
Estos son algunos datos de 34 barcos conocidos que salieron de las islas Canarias.
•El que más tiempo tardó fue el Saturnino que zarpó 18/10/1949 con 81 pasajeros y tardó 86 días en llegar a la Guaria.
•El viaje más corto lo realizó el Benahorte que salió de canarias el 21/04/1950 con 151 emigrantes a bordo y tardó 21 días.
•El barco que mayor número de pasajeros llevó fue "El nuevo Teide", uno de los barcos mas grandes con 36 m. de eslora que llevó 286 emigrantes.
El número total de pasajeros que llevaban estos 34 barcos fue 3.586 de los cuales 3.573 eran hombres y 13 mujeres.
- Como ejemplo de estos viajes sirve el testimonio de un emigrante canario a Venezuela que hizo el viaje a bordo de "La Carlota" un navío, con 45 años de antigüedad pues había sido construido el 903, era un pailebote canario de 102 TRB construido en los astilleros de Manuel Márquez de Las Palmas de Gran Canaria. pero aún así, fue adquirido por 200.000 pts. por un grupo de represaliados políticos, después de estudiar el navío y determinar que podía atravesar el Atlántico con 60 personas a bordo, en realidad en la travesía que empezó el 22/08/1948 embarcaron unos 201 emigrantes.
Si quiero referirme a esta emigración Canaria a Venezuela es por la manera que se produjo en gran parte esa emigración, hoy en día llegan a las costas española cayucos y pateras provenientes de África cargados de emigrantes que buscan en España la tierra de promisión, en esa época eran los denominados barcos fantasmas, pequeños veleros y pesqueros que emprendían la aventura de cruzan casi sin medios el Atlántico para llegar a aquella tierra de promisión que era Venezuela.
Se daba el nombre de barcos fantasmas a aquellos veleros que desaparecían de tierras Canarias, de los que a veces se recibía noticias de su presencia en alta mar y que tras unos de unos 40 días aparecían en tierras Venezolanas con sus respectivos tripulantes y pasajeros.
Los barcos salían de su puerto en alguna de las islas Canarias y una vez en alta mar fuera de la vista de tierra, de noche cambiaban su rumbo y se dirigían a un punto acordado de la costa canaria donde embarcaban víveres y pasajeros. En algunos casos se dividía la cabina interna con un piso horizontal nuevo para poder colocar mas pasajeros, estos dormían sobre tablas y sacos, en pésimas condiciones, rodeados de piojos y sus propios vómitos.
Algunos de estos barcos fantasmas hacían la travesía baja la mano de patrones expertos que conocían la navegación y el barco llevándolo sin problemas, pero otros los llevaban patrones con poca experiencia, que no conocían ni los Alisios ni las corrientes, navegaban sin cartas de navegación, ni sextante, ni siquiera una corredera, solo sabían que Venezuela estaba donde se ponía el sol y con estos escasos conocimientos ponían rumbo oeste.
El alimento preferido para la travesía era el gofio, que se conservaba muchos días, las papas más resistentes eran consumidas después con otros alimentos menos usados. El gran problema era el agua para beber, se daban raciones entre ¼ y ½ litro de agua por persona, pero esta a veces no llegaba para toda la travesía y con suerte podían seguir con agua que pedían a algún barco que encontraban o bien agua de lluvia que recogían con lonas.
Estos son algunos datos de 34 barcos conocidos que salieron de las islas Canarias.
•El que más tiempo tardó fue el Saturnino que zarpó 18/10/1949 con 81 pasajeros y tardó 86 días en llegar a la Guaria.
•El viaje más corto lo realizó el Benahorte que salió de canarias el 21/04/1950 con 151 emigrantes a bordo y tardó 21 días.
•El barco que mayor número de pasajeros llevó fue "El nuevo Teide", uno de los barcos mas grandes con 36 m. de eslora que llevó 286 emigrantes.
El número total de pasajeros que llevaban estos 34 barcos fue 3.586 de los cuales 3.573 eran hombres y 13 mujeres.
- Como ejemplo de estos viajes sirve el testimonio de un emigrante canario a Venezuela que hizo el viaje a bordo de "La Carlota" un navío, con 45 años de antigüedad pues había sido construido el 903, era un pailebote canario de 102 TRB construido en los astilleros de Manuel Márquez de Las Palmas de Gran Canaria. pero aún así, fue adquirido por 200.000 pts. por un grupo de represaliados políticos, después de estudiar el navío y determinar que podía atravesar el Atlántico con 60 personas a bordo, en realidad en la travesía que empezó el 22/08/1948 embarcaron unos 201 emigrantes.
Robert Capa
Robert Capa, nació en la ciudad de Budapest, en el seno de una familia judía con buen pasar económico. Su madre una diseñadora de modas y su padre un pensador intelectual con influencias aristocráticas. En Hungría, en esos tiempos, era costumbre pertenecer a un círculo, ya fuera artístico o político, y Endré, que no fue una excepción, entró a dichos círculos, donde era tradición poner sobrenombres. Así fue como recibió el apodo de Bandi.
Condenado en su adolescencia a vivir vagando por la ciudad por la instauración del taller de sus padres en la casa, después de que éstos perdieran el local a raíz de la depresión económica de 1929. En estas andanzas conocería a una de las mujeres que más influyó en su vida, y se puede decir que, si no hubiera sido por ella no habría llegado a ser un gran fotógrafo. El nombre de esa mujer era Eva Besnyo, quien desde muy joven tuvo un gran interés por la fotografía. Eva era una de esas personas a las que le parecía más productivo tomar fotografías que hacer sus deberes escolares. En su juventud ya tomaba fotografías con su cámara Kodak Brownie. Ella y su especial gusto por este arte motivaron el primer contacto de Endré con la fotografía.
Endré era muy solicitado por sus amigos, ya que se caracterizaba por ser un joven generoso y leal.
Ya hacia sus florecientes diecisiete años y esperando terminar su vida escolar, Endré conoce a una de esas personas que moldearían su vida, uno de esos buenos amigos que emprendían sus senderos, con excelentes consejos, apoyo económico oportuno, conexiones apropiadas, sugerencias artísticas y concepciones acerca de la vida. Este ilustre personaje se llamaba Lajos Kassák, quien, con tendencias socialistas, se decidió a ayudar a cualquier artista con corrientes constructivistas. Dio a conocer la fotografía como un objeto social mostrando las injusticias del sistema capitalista y presentando trabajos en sus seminarios como los de Jacob Riis y Lewis Hine.
En 1929 la situación política iba de mal en peor con la imposición de un gobierno fascista en Hungría, lo que obligó al joven Endré a salir del país junto a la gran masa de jóvenes que se sentían presionados por la falta de un gobierno democrático y garantías económicas.
A los 18 años abandona Hungría, entonces ya bajo un gobierno fascista. Tras su paso por Alemania, viaja a París, donde conoce al fotógrafo David Seymour quien le consigue un trabajo como reportero gráfico en la revista Regards para cubrir las movilizaciones del Frente Popular.
Entre 1932 y 1936, tratando de escapar del nazismo, Ernest Friedmann, viviendo en Francia, conoce a la fotógrafa alemana Gerda Taro (nacida Gerda Pohorylle) que acabaría siendo su novia. Para tratar de aumentar la cotización de los trabajos de la pareja a menudo rechazados, se inventan el nombre de un supuesto fotógrafo norteamericano Robert Capa, utilizado ambos indistintamente dicho seudónimo. Este hecho constituye la base de la polémica sobre quién de los dos tomó en realidad algunas de sus fotografías más relevantes.
Al estallar la Guerra Civil Española en julio de 1936, Capa se traslada a España con su novia para cubrir los principales acontecimientos de la contienda española. Implicado en la lucha antifascista y con la causa de la República, estuvo presente, desde ese lado, en los principales frentes de combate, desde los inicios en el frente de Madrid hasta la retirada final en Cataluña.
Siempre en primera línea, es mundialmente famosa su fotografía Muerte de un Miliciano,[1] tomada en Cerro Muriano, en el frente de Córdoba, el 5 de septiembre de 1936. Reproducida en la mayoría de los libros sobre la Guerra Civil, su autenticidad ha sido puesta en cuestión por diversos expertos. A pesar de que un historiador local de Alcoy puso nombre al miliciano, Federico Borrell García, miliciano anarquista, el documental La sombra del iceberg (2007) niega tal atribución con testigos, médicos forenses y documentos del archivo local de Alcoy. Asimismo, muestra lo inconsistente de dicha tesis y aporta nuevas fotos de la secuencia del miliciano que avalan la tesis de la puesta en escena, así como la posibilidad de que la instantánea no la tomara Capa sino su mujer. En enero de 2008 se encontró, según la CNN, una valija perdida por Capa donde están innumerables negativos de tomas que efectuó en la Guerra Civil Española; un tesoro de incalculable valor histórico. Según un artículo publicado en la web de El Periódico,[2] queda de manifiesto que dicho set de fotografías fueron tomadas a 10 kilómetros del frente, en la localidad de Espejo, donde tenían en esas fechas las tropas republicanas su cuartel general de acuerdo al periódico.
Durante la retirada del ejército republicano en la batalla de Brunete, en julio de 1937 Gerda Taro muere al frenar el coche en cuyo estribo viajaba, caer y ser arrollada por el tanque que el conductor intentó evitar. En este tiempo, Capa cubrió también diferentes episodios de la invasión japonesa de China, ya en los prolegómenos de la II Guerra Mundial.
Durante la II Guerra Mundial, está presente en los principales escenarios bélicos de Europa, así desde 1941 a 1945 viaja por Italia, Londres y Norte de África. Del desembarco aliado en Normandía, el 6 de junio de 1944, el famoso día-D, son clásicas sus fotografías tomadas, junto a los soldados que desembarcaban en la propia playa denominada Omaha en la terminología de la operación. Plasmó asimismo en imágenes la liberación de París. Huston Hu Riley fue el fotógrafo que retrató ese momento.[3] Con motivo de su trabajo durante este conflicto, fue galardonado por el general Eisenhower con la Medalla de la Libertad.
En 1947 creó, junto con los fotógrafos Henri Cartier-Bresson, Rodger, Vandiver y David Seymour, la agencia Magnum Photos, donde Capa realizó un gran trabajo fotográfico, no solo en escenarios de guerra sino también en el mundo artístico, en el que tenía grandes amistades, entre las que se incluían Pablo Picasso, Ernest Hemingway y John Steinbeck.
Condenado en su adolescencia a vivir vagando por la ciudad por la instauración del taller de sus padres en la casa, después de que éstos perdieran el local a raíz de la depresión económica de 1929. En estas andanzas conocería a una de las mujeres que más influyó en su vida, y se puede decir que, si no hubiera sido por ella no habría llegado a ser un gran fotógrafo. El nombre de esa mujer era Eva Besnyo, quien desde muy joven tuvo un gran interés por la fotografía. Eva era una de esas personas a las que le parecía más productivo tomar fotografías que hacer sus deberes escolares. En su juventud ya tomaba fotografías con su cámara Kodak Brownie. Ella y su especial gusto por este arte motivaron el primer contacto de Endré con la fotografía.
Endré era muy solicitado por sus amigos, ya que se caracterizaba por ser un joven generoso y leal.
Ya hacia sus florecientes diecisiete años y esperando terminar su vida escolar, Endré conoce a una de esas personas que moldearían su vida, uno de esos buenos amigos que emprendían sus senderos, con excelentes consejos, apoyo económico oportuno, conexiones apropiadas, sugerencias artísticas y concepciones acerca de la vida. Este ilustre personaje se llamaba Lajos Kassák, quien, con tendencias socialistas, se decidió a ayudar a cualquier artista con corrientes constructivistas. Dio a conocer la fotografía como un objeto social mostrando las injusticias del sistema capitalista y presentando trabajos en sus seminarios como los de Jacob Riis y Lewis Hine.
En 1929 la situación política iba de mal en peor con la imposición de un gobierno fascista en Hungría, lo que obligó al joven Endré a salir del país junto a la gran masa de jóvenes que se sentían presionados por la falta de un gobierno democrático y garantías económicas.
A los 18 años abandona Hungría, entonces ya bajo un gobierno fascista. Tras su paso por Alemania, viaja a París, donde conoce al fotógrafo David Seymour quien le consigue un trabajo como reportero gráfico en la revista Regards para cubrir las movilizaciones del Frente Popular.
Entre 1932 y 1936, tratando de escapar del nazismo, Ernest Friedmann, viviendo en Francia, conoce a la fotógrafa alemana Gerda Taro (nacida Gerda Pohorylle) que acabaría siendo su novia. Para tratar de aumentar la cotización de los trabajos de la pareja a menudo rechazados, se inventan el nombre de un supuesto fotógrafo norteamericano Robert Capa, utilizado ambos indistintamente dicho seudónimo. Este hecho constituye la base de la polémica sobre quién de los dos tomó en realidad algunas de sus fotografías más relevantes.
Al estallar la Guerra Civil Española en julio de 1936, Capa se traslada a España con su novia para cubrir los principales acontecimientos de la contienda española. Implicado en la lucha antifascista y con la causa de la República, estuvo presente, desde ese lado, en los principales frentes de combate, desde los inicios en el frente de Madrid hasta la retirada final en Cataluña.
Siempre en primera línea, es mundialmente famosa su fotografía Muerte de un Miliciano,[1] tomada en Cerro Muriano, en el frente de Córdoba, el 5 de septiembre de 1936. Reproducida en la mayoría de los libros sobre la Guerra Civil, su autenticidad ha sido puesta en cuestión por diversos expertos. A pesar de que un historiador local de Alcoy puso nombre al miliciano, Federico Borrell García, miliciano anarquista, el documental La sombra del iceberg (2007) niega tal atribución con testigos, médicos forenses y documentos del archivo local de Alcoy. Asimismo, muestra lo inconsistente de dicha tesis y aporta nuevas fotos de la secuencia del miliciano que avalan la tesis de la puesta en escena, así como la posibilidad de que la instantánea no la tomara Capa sino su mujer. En enero de 2008 se encontró, según la CNN, una valija perdida por Capa donde están innumerables negativos de tomas que efectuó en la Guerra Civil Española; un tesoro de incalculable valor histórico. Según un artículo publicado en la web de El Periódico,[2] queda de manifiesto que dicho set de fotografías fueron tomadas a 10 kilómetros del frente, en la localidad de Espejo, donde tenían en esas fechas las tropas republicanas su cuartel general de acuerdo al periódico.
Durante la retirada del ejército republicano en la batalla de Brunete, en julio de 1937 Gerda Taro muere al frenar el coche en cuyo estribo viajaba, caer y ser arrollada por el tanque que el conductor intentó evitar. En este tiempo, Capa cubrió también diferentes episodios de la invasión japonesa de China, ya en los prolegómenos de la II Guerra Mundial.
Durante la II Guerra Mundial, está presente en los principales escenarios bélicos de Europa, así desde 1941 a 1945 viaja por Italia, Londres y Norte de África. Del desembarco aliado en Normandía, el 6 de junio de 1944, el famoso día-D, son clásicas sus fotografías tomadas, junto a los soldados que desembarcaban en la propia playa denominada Omaha en la terminología de la operación. Plasmó asimismo en imágenes la liberación de París. Huston Hu Riley fue el fotógrafo que retrató ese momento.[3] Con motivo de su trabajo durante este conflicto, fue galardonado por el general Eisenhower con la Medalla de la Libertad.
En 1947 creó, junto con los fotógrafos Henri Cartier-Bresson, Rodger, Vandiver y David Seymour, la agencia Magnum Photos, donde Capa realizó un gran trabajo fotográfico, no solo en escenarios de guerra sino también en el mundo artístico, en el que tenía grandes amistades, entre las que se incluían Pablo Picasso, Ernest Hemingway y John Steinbeck.
En 1954, encontrándose en Japón visitando a unos amigos de antes de la guerra, fue llamado por la revista Life para reemplazar a otro fotógrafo en Vietnam, durante la Primera Guerra de Indochina. En la madrugada del 25 de mayo, mientras acompañaba a una expedición del ejército francés por una espesa zona boscosa, pisó inadvertidamente una mina y murió, siendo el primer corresponsal americano muerto en esta guerra y terminando así una azarosa vida profesional, guiada por una frase que popularizó: Si tus fotos no son lo suficientemente buenas es que no te has acercado lo suficiente.
Guerra Civil Española
Las Brigadas Internacionales fueron unidades militares compuestas por voluntarios extranjeros de 54 países que participaron en la Guerra Civil Española junto al ejército democrático de la II República, enfrentándose a los sublevados dirigidos por Francisco Franco, que recibió ayuda de la Alemania nazi y de la Italia Fascista.
Las Brigadas Internacionales no fueron, al contrario de lo que se suele creer, ni los primeros ni los únicos voluntarios extranjeros que partieron a luchar a España en favor de la República. Ya antes de su formación (en octubre de 1936) había en la Península un número, aunque no muy alto, de soldados extranjeros, que desde prácticamente el día de la sublevación de los nacionales estaban participando en la contienda. Algunos de ellos ya residían en España antes del golpe del 18 de julio y procedían mayoritariamente de países con gobiernos fascistas (o pseudo fascistas), de donde se habían visto obligados a exiliarse por su militancia progresista, socialista, comunista o anarquista. Por esta razón, los dos principales países de origen de estos primeros voluntarios extranjeros fueron Alemania e Italia. De este primer grupo de combatientes extranjeros que ya vivían en España al estallar la guerra, se encontraban, como dos de los más conocidos, el novelista André Malraux , el socialista italiano (que años antes había atentado contra el hijo de Víctor Manuel de Saboya), Fernando De Rosa Lenccini.
También hubo otro grupo de extranjeros que a partir del 18 de julio fue llegando a España por sus propios medios y se incorporó al frente. Pero si es difícil dar cifras sobre los soldados que conformaron las Brigadas Internacionales, mucho más aún, por la inexistencia de documentos oficiales, lo es cifrar a los extranjeros que llegaron antes de octubre de 1936.
En tercer lugar, es destacable la incorporación a las filas del bando republicano de los participantes en las olimpiadas populares. Esta competición, organizada por grupos políticos de izquierda, se estaba celebrando en Barcelona en el verano de 1936 como contrapartida a las olimpiadas oficiales que se disputaban en Berlín bajo el gobierno de Adolf Hitler, y en ella tomaban parte deportistas de diversos países del mundo. Muchos de estos atletas se sumaron a las luchas callejeras de Barcelona, participaron en el levantamiento de barricadas y en la ocupación del Hotel Colón. La mayoría de los participantes, cuyo número oscilaba entre 174 y 300, regresó a sus respectivos países el día 24 de ese mismo mes de julio, tras haber sido protagonistas durante la primera semana de la guerra.
Las unidades formadas por estos primeros voluntarios extranjeros, se bautizaron con nombres de militares progresistas del siglo anterior, como Walery Wroblewski, muerto en la Comuna de París, o de figuras políticas de mucho prestigio, como el socialista inglés Tom Mann.
Muchos de los soldados que conformaban estas unidades voluntarias espontáneas se integraron luego en las Brigadas Internacionales, pero otros muchos, por diversas circunstancias, permanecieron al margen de ellas y combatieron en otras unidades del Ejército Popular de la República. Numerosos extranjeros no se integraron en las brigadas debido, principalmente, a discrepancias políticas debido a que las Brigadas empezaron organizadas y promovidas por el Partido Comunista Francés (de donde salieron los primeros oficiales brigadistas), lo cual causaba que militantes socialistas, anarquistas, o marxistas ajenos al comunismo, prefiereran enrolarse en otras unidades.
En algunos de los casos algunos extranjeros lucharían integrándose en unidades del POUM o de otras organizaciones de izquierdas disidentes de la Komintern. Relacionado con esta cuestión, y tras los Sucesos de mayo de 1937 en Barcelona, el gobierno republicano ordenó el 19 de junio de 1937, por un decreto puesto en marcha por Vicente Rojo siguiendo órdenes de Indalecio Prieto (en esos tiempos ministro de Defensa), "que todos los extranjeros que prestan servicio al ejército, quedaban encuadrados en las Brigadas Internacionales". Esta orden no fue cumplida por muchos soldados extranjeros, que lucharon hasta el final de la guerra en unidades ajenas a las de los brigadistas.
Participaron:
-el novelista André Malraux.
-el socialista italiano Fernando De Rosa Lenccini.
-el socialista inglés Tom Mann.
Las Brigadas Internacionales no fueron, al contrario de lo que se suele creer, ni los primeros ni los únicos voluntarios extranjeros que partieron a luchar a España en favor de la República. Ya antes de su formación (en octubre de 1936) había en la Península un número, aunque no muy alto, de soldados extranjeros, que desde prácticamente el día de la sublevación de los nacionales estaban participando en la contienda. Algunos de ellos ya residían en España antes del golpe del 18 de julio y procedían mayoritariamente de países con gobiernos fascistas (o pseudo fascistas), de donde se habían visto obligados a exiliarse por su militancia progresista, socialista, comunista o anarquista. Por esta razón, los dos principales países de origen de estos primeros voluntarios extranjeros fueron Alemania e Italia. De este primer grupo de combatientes extranjeros que ya vivían en España al estallar la guerra, se encontraban, como dos de los más conocidos, el novelista André Malraux , el socialista italiano (que años antes había atentado contra el hijo de Víctor Manuel de Saboya), Fernando De Rosa Lenccini.
También hubo otro grupo de extranjeros que a partir del 18 de julio fue llegando a España por sus propios medios y se incorporó al frente. Pero si es difícil dar cifras sobre los soldados que conformaron las Brigadas Internacionales, mucho más aún, por la inexistencia de documentos oficiales, lo es cifrar a los extranjeros que llegaron antes de octubre de 1936.
En tercer lugar, es destacable la incorporación a las filas del bando republicano de los participantes en las olimpiadas populares. Esta competición, organizada por grupos políticos de izquierda, se estaba celebrando en Barcelona en el verano de 1936 como contrapartida a las olimpiadas oficiales que se disputaban en Berlín bajo el gobierno de Adolf Hitler, y en ella tomaban parte deportistas de diversos países del mundo. Muchos de estos atletas se sumaron a las luchas callejeras de Barcelona, participaron en el levantamiento de barricadas y en la ocupación del Hotel Colón. La mayoría de los participantes, cuyo número oscilaba entre 174 y 300, regresó a sus respectivos países el día 24 de ese mismo mes de julio, tras haber sido protagonistas durante la primera semana de la guerra.
Las unidades formadas por estos primeros voluntarios extranjeros, se bautizaron con nombres de militares progresistas del siglo anterior, como Walery Wroblewski, muerto en la Comuna de París, o de figuras políticas de mucho prestigio, como el socialista inglés Tom Mann.
Muchos de los soldados que conformaban estas unidades voluntarias espontáneas se integraron luego en las Brigadas Internacionales, pero otros muchos, por diversas circunstancias, permanecieron al margen de ellas y combatieron en otras unidades del Ejército Popular de la República. Numerosos extranjeros no se integraron en las brigadas debido, principalmente, a discrepancias políticas debido a que las Brigadas empezaron organizadas y promovidas por el Partido Comunista Francés (de donde salieron los primeros oficiales brigadistas), lo cual causaba que militantes socialistas, anarquistas, o marxistas ajenos al comunismo, prefiereran enrolarse en otras unidades.
En algunos de los casos algunos extranjeros lucharían integrándose en unidades del POUM o de otras organizaciones de izquierdas disidentes de la Komintern. Relacionado con esta cuestión, y tras los Sucesos de mayo de 1937 en Barcelona, el gobierno republicano ordenó el 19 de junio de 1937, por un decreto puesto en marcha por Vicente Rojo siguiendo órdenes de Indalecio Prieto (en esos tiempos ministro de Defensa), "que todos los extranjeros que prestan servicio al ejército, quedaban encuadrados en las Brigadas Internacionales". Esta orden no fue cumplida por muchos soldados extranjeros, que lucharon hasta el final de la guerra en unidades ajenas a las de los brigadistas.
Participaron:
-el novelista André Malraux.
-el socialista italiano Fernando De Rosa Lenccini.
-el socialista inglés Tom Mann.
Juan Régulo Pérez
Fue un profesor universitario canario, uno de los principales editores de literatura en el idioma internacional esperanto.
Hijo de campesinos pobres, en 1934 comenzó a trabajar como maestro. Durante la guerra civil española fue encarcelado por simpatías republicanas, y se le impidió el ejercicio de la enseñanza formal. En 1945 fue autorizado a enseñar en la Universidad de La Laguna, aunque en un comienzo sin plaza oficial.
Régulo había aprendido esperanto en 1933 y había ya impartido cursos antes de la guerra. En 1945 comenzó a impartir cursos del idioma internacional en la Universidad, donde posteriormente se crearía la primera cátedra dedicada a esta lengua en una universidad española.
En 1952 fundó la Editorial Stafeto, que inmediatamente se convirtió en una de las referencias fundamentales de la literatura en esperanto, por la calidad de las obras y la cuidada edición. Durante el siguiente cuarto de siglo editó obras literarias, principalmente de ficción, de autores de todas las partes del mundo.
Su segunda obra, La bapto de caro Vladimir (El bautizo del zar Vladimir) del poeta satírico checo Karel Havlíček Borovský, fue objeto de un grave incidente, ya que la dirección de la principal asociación esperantista de la época en España solicitó al editor la retirada de la obra, por miedo a que se viera en ella una sátira al régimen franquista. Régulo se negó, sin que se produjera el temido secuestro de la obra.
Tras su jubilación, la Universidad de La Laguna editó el libro conmemorativo "Serta gratulatoria in honorem Juan Régulo", una colección de contribuciones en castellano, esperanto y otros idiomas, por autores españoles e internacionales, sobre filología, antropología, historia y temas relacionados con la obra de Régulo.
En su vertiente docente, el Dr. Juan Régulo Pérez fue profesor en la Universidad de La Laguna de asignaturas relacionadas con su campo científico (Filología Latina y Románica).Ello es que dio clases de latín vulgar, lengua y literatura latinas... En el departamento de la Facultad de Filosofía y Letras fue compañero de los doctores Juan Álvarez Delgado, Jacinto Alzola, Manuela Marrero y otros muchos profesores ya fallecidos.
Régulo Pérez fue autor además de numerosas obras sobre geografía, antropología e historia de las Islas Canarias, y especialmente de su isla natal La Palma.
Hijo de campesinos pobres, en 1934 comenzó a trabajar como maestro. Durante la guerra civil española fue encarcelado por simpatías republicanas, y se le impidió el ejercicio de la enseñanza formal. En 1945 fue autorizado a enseñar en la Universidad de La Laguna, aunque en un comienzo sin plaza oficial.
Régulo había aprendido esperanto en 1933 y había ya impartido cursos antes de la guerra. En 1945 comenzó a impartir cursos del idioma internacional en la Universidad, donde posteriormente se crearía la primera cátedra dedicada a esta lengua en una universidad española.
En 1952 fundó la Editorial Stafeto, que inmediatamente se convirtió en una de las referencias fundamentales de la literatura en esperanto, por la calidad de las obras y la cuidada edición. Durante el siguiente cuarto de siglo editó obras literarias, principalmente de ficción, de autores de todas las partes del mundo.
Su segunda obra, La bapto de caro Vladimir (El bautizo del zar Vladimir) del poeta satírico checo Karel Havlíček Borovský, fue objeto de un grave incidente, ya que la dirección de la principal asociación esperantista de la época en España solicitó al editor la retirada de la obra, por miedo a que se viera en ella una sátira al régimen franquista. Régulo se negó, sin que se produjera el temido secuestro de la obra.
Tras su jubilación, la Universidad de La Laguna editó el libro conmemorativo "Serta gratulatoria in honorem Juan Régulo", una colección de contribuciones en castellano, esperanto y otros idiomas, por autores españoles e internacionales, sobre filología, antropología, historia y temas relacionados con la obra de Régulo.
En su vertiente docente, el Dr. Juan Régulo Pérez fue profesor en la Universidad de La Laguna de asignaturas relacionadas con su campo científico (Filología Latina y Románica).Ello es que dio clases de latín vulgar, lengua y literatura latinas... En el departamento de la Facultad de Filosofía y Letras fue compañero de los doctores Juan Álvarez Delgado, Jacinto Alzola, Manuela Marrero y otros muchos profesores ya fallecidos.
Régulo Pérez fue autor además de numerosas obras sobre geografía, antropología e historia de las Islas Canarias, y especialmente de su isla natal La Palma.
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