Margarita, está linda la mar,
y el viento
lleva esencia sutil de azahar;
yo siento
en el alma una alondra cantar:
tu acento.
Margarita, te voy a contar
un cuento.
Éste era un rey que tenía
un palacio de diamantes,
una tienda hecha del día
y un rebaño de elefantes,
un kiosko de malaquita,
un gran manto de tisú,
y una gentil princesita,
tan bonita,
Margarita,
tan bonita como tú.
Una tarde la princesa
vio una estrella aparecer;
la princesa era traviesa
y la quiso ir a coger.
La quería para hacerla
decorar un prendedor,
con un verso y una perla,
y una pluma y una flor.
Las princesas primorosas
se parecen mucho a ti:
cortan lirios, cortan rosas,
cortan astros. Son así.
Pues se fue la niña bella,
bajo el cielo y sobre el mar,
a cortar la blanca estrella
que la hacía suspirar.
Y siguió camino arriba,
por la luna y más allá;
mas lo malo es que ella iba
sin permiso del papá.
Cuando estuvo ya de vuelta
de los parques del Señor,
se miraba toda envuelta
en un dulce resplandor.
Y el rey dijo: «¿Qué te has hecho?
Te he buscado y no te hallé;
y ¿qué tienes en el pecho,
que encendido se te ve?»
La princesa no mentía.
Y así, dijo la verdad:
«Fui a cortar la estrella mía
a la azul inmensidad».
Y el rey clama: «¿No te he dicho
que el azul no hay que tocar?
¡Qué locura! ¡Qué capricho!
El Señor se va a enojar».
Y dice ella: «No hubo intento;
yo me fui no sé por qué;
por las olas y en el viento
fui a la estrella y la corté».
Y el papá dice enojado:
«Un castigo has de tener:
vuelve al cielo, y lo robado
vas ahora a devolver».
La princesa se entristece
por su dulce flor de luz,
cuando entonces aparece
sonriendo el Buen Jesús.
Y así dice: «En mis campiñas
esa rosa le ofrecí:
son mis flores de las niñas
que al soñar piensan en mí».
Viste el rey ropas brillantes,
y luego hace desfilar
cuatrocientos elefantes
a la orilla de la mar.
La princesita está bella,
pues ya tiene el prendedor
en que lucen, con la estrella,
verso, perla, pluma y flor.
Margarita, está linda la mar,
y el viento
lleva esencia sutil de azahar:
tu aliento.
Ya que lejos de mí vas a estar,
guarda, niña, un gentil pensamiento
al que un día te quiso contar
un cuento.
lunes, 31 de enero de 2011
jueves, 20 de enero de 2011
Livingstone, supongo
El Dr Livingstone era el más famoso y popular de los exploradores británicos. Un buen día salió de Zanzibar en dirección al Lago Tanganika y, seis años después, seguía desaparecido.
Ni que decir tiene que muchos le daban por muerto. Especialmente desde que varios miembros de su expedición regresaron a la costa y afirmaron que le habían visto morir.
En ese momento es cuando el señor Henry Stanley (con el tiempo, llegaría a ser Sir), periodista americano, comienza su narración:
“El 16 de octubre del año 1869, cuando me hallaba en Madrid, y en mi casa de la calle de la Cruz, me presentó mi criado, a eso de las diez de la mañana, un parte telegráfico expedido por el señor James Gordon Bennet, director del New York Herald, de quien yo era corresponsal. Rasgué el sobre y leí lo que sigue: “Vuelva a París, asunto importante”
Dos horas después tenía ya recogidos mis libros y papeles, cerradas las maletas y todo preparado. Como el tren correo no salía hasta las tres, quedaba todavía algún tiempo disponible, que aproveché para ir a despedirme de mis amigos.
[...]
Cuando llegué a París, fui directamente al Gran Hotel, donde estaba alojado entonces el director de New York Herald; llamé a su puerta, y contestó una voz:
-Entre.
El señor Bennet estaba ya acostado; pero se puso al momento su bata y me preguntó vivamente:
-¿Quién es usted?
-Stanley.
-¡Ah! ya sé; tome asiento; se trata de confiarle una misión importante. ¿Dónde piensa que se halla Livingstone?
-Verdaderamente, no puedo decirle nada, caballero.
-¿Cree que ha muerto?
-Es posible que sí; puede ser que no.
-Pues a mí me parece que está vivo y que se le podría encontrar y le envío en su busca.
-¿Al centro de África? ¿Su intención es que emprenda semejante viaje?
-Sí; deseo que parta, que encuentre a Linvingstone, y que traiga de él todas las noticias que pueda recoger; y … ¡quien sabe!… quizá se halle muy necesitado el infatigable viajero. Llévese todo cuanto pueda serle útil, guíese por sus propias ideas. Haga lo que mejor le parezca; pero encuentre a Livingstone.
-¿Y ha reflexionado, caballero, los gastos que ocasiona este viaje?
-¿Cuánto piensa que costará?
-Burton y Speke gastaron de tres mil a cinco mil libras, y yo temo que se necesitarán al menos dos mil quinientas para emprender semejante expedición.
-¡Pues bien! voy a decirle lo que debe hacer: tome ahora mil libras; cuando estén gastadas gire una letra por otras mil, y luego una tercera, y así sucesivamente; pero encuentre a Livingstone.
-¿Debo ir directamente en su busca?
-No; primero asistirá a la inauguración del Canal de Suez, y desde allí reomntará el Nilo: he oído decir que Baker iba a marchar hacia el Alto Egipto, y por lo tanto convendrá que se informe lo mejor posible acerca de su expedición. [...] Terminada esta primera parte de su cometido, será bueno que vaya a Jerusalén, [...] Luegopasará a Constantinopla [...] Pasando por Crimea, visite lso campos de batalla, y diríjase enseguida al Cáucaso hasta el mar Caspio [...] Después se irá a la India, cruzando por Persia; en Persépolis podrá escribir una carta interesante. Bagdad está en su camino [...] Y cuando esté en la India se embarcará allí para reunirse con Livngstone. Y ahora, amigo mío, buenas noches; páselo bien, y que Dios lo bendiga.”
¿Es esto el comienzo de una novela? En realidad no, aunque se parezca mucho. Es el inicio del libro que Henry Stanley escribió sobre su más famoso viaje. Uno de los viajes más espectaculares que jamás se han emprendido y que le llevó por primera vez al interior de África, pasando por regiones que jamás había visto ningún “hombre blanco” y donde encontró, vivo, al Dr Livingstone.
Pero empecemos por el principio. El Dr Livingstone era un pastor protestante que quería, bienintencionadamente, llevar el cristianismo a los paganos africanos. Para ello buscaba una ruta de acceso al interior del continente que permitiera la llegada de misioneros.
Siguiendo este propósito ya había atravesado el desierto del Kalahari (en la actual Sudáfrica) demostrando que no era, como se pensaba, el extremo sur del desierto del Sahara y que no estaba desértico todo el centro del continente (así de desconocida era la geografía africana). Había explorado también el río Zambezee y había descubierto las Catarátas Victoria.
Estos viajes habían servido para darle la fama, pero no le habían permitido encontrar una ruta cómoda para acceder al interior del continente. Con esta intención viajó hacia el Tanganika.
Durante la segunda mitad del sXIX, el interior de África fue dejando de ser un enorme espacio en blanco y poco a poco los europeos fueron construyendo mapas del continente. En la imagen aparece un mapa a mitad del proceso.
Henry Stanley, como nos cuenta en su libro, se encontró con África de casualidad. Como buen periodista, nos cuenta con estilo ameno y entretenido los pormenores de sus desventuras y, hay que decirlo, no oculta su profundo sentimiento de superioridad racial sobre todo aquel que no es de raza europea.
Era su primer viaje al interior de África, y su inexperiencia le costó varios sinsabores. Después de varias semanas dando vueltas, en las que conoció el hambre, la fiebre, la ferocidad de las hormigas y las avispas africanas (nada que ver con las europeas), el ataque de los cocodrilos y los leones, la guerra e incluso una sublevación de sus portadores, por fin encontró a un anciano hombre blanco en un pueblo a orillas del Tanganika:
“Mientras avanzaba lentamente, pude observar su palidez y su aspecto de fatiga: llevaba un pantalón gris, un chaquetón rojo, y una orra azul con galoncillo de oro. Hubiera querido correr hacia él, pero me sentí cobarde ante aquella multitud; hubiera querido abrazarle, pero él era inglés, y yo ignoraba cómo me recibiría.
Hice, pues, lo que me inspiraron la cobardía y un falso orgullo; me acerqué deliberadamente, y dije descubriéndome:
-¿El Doctor Livngstone, supongo?
-Sí, caballero – contestó con benévola sonrisa, descubriéndose a su vez.
Entonces nos estrechamos las manos.”
Necesariamente debía ser el Doctor Livingstone. No había ningún hombre de raza europea a cientos de kilómetros de distancia. Sus reservas sobre como le recibiría el inglés, puede hoy sorprender, pero no debemos olvidar que no hacía mucho más de cincuenta años desde la última guerra entre el Imperio Británico y su antigua colonia. La gran hermandad que hoy une a ambos pueblos anglosajones proviene principalmente de la II Guerra Mundial.
Stanley encuentra a Livingstone en una situación límite. Enfermo y, tras haber sido robado, prácticamente reducido a la mendicidad. Para Livingstone, la llegada de Stanley fue interpretada como un regalo de Dios, es posible que no hubiera podido sobrevivir sin su ayuda. Con el auxilio del norteamericano, el pastor emprendió su exploración del Lago, hasta identificar (acertadamente) que el río Cazembé no era el Zambeze, como se creía hasta entonces, y llegaron a la conclusión (errónea) de que era un afluente del Nilo (en realidad es un afluente del Congo).
Entonces se separaron ambos viajeros. Stanley, tras cumplir su misión, regresaba a casa. Livingstone por su parte, partía con la intención de despejar el gran misterio que llevaba inquietando a los europeos desde hacía más de dos mil años, los orígenes del Nilo. Nunca lo lograría, moriría años después sin haber vuelto a casa pero tras realizar importantísimos descubrimientos.
Stanley regresaría más adelante a África. Pero con otra mentalidad menos noble. Él mismo lo deja entrever al final de su relato sobre la búsqueda de Livingstone: “Con una suma suficiente, toda África se exploraría sin dificultad, y hasta se conquistaría, se civilizaría; y la veríamos cubierta de hierro en todos los sentidos. [...]¿no está abierto para ustedes todo el mundo[...]?”
Sir Henry Morton Stanley
Cuando realizó su búsqueda de Livingstone, no hubo ningún hombre blanco que contara su actitud con respecto a sus subordinados. Y cuando encontró al doctor, él mismo cuenta que se contuvo en infinidad de ocasiones para no desagradar al pastor.
Pero en su siguiente viaje al Congo, Stanley regresó con varios europeos que hablaron después sobre su injustificada crueldad. Stanley maltrató brutalmente a los nativos, los asesinaba e incluso llegó a arrasar pueblos enteros. Eran unos tiempos muy racistas, en los que se daba por supuesto que los africanos eran gentes inferiores a los europeos, pero aún así el salvajismo de Stanley le hizo perder la gran reputación ganada por su expedición en busca de Livingstone.
En estas condiciones, el Rey de Bélgica, Leopoldo I, le puso al mando de una operación que daría como fruto una de las mayores infamias de la historia de Europa (tiene mérito).
Al frente de un ejército de mercenarios, Stanley sometió brutalmente las tierras que, aproximadamente, hoy corresponden con la República Democrática del Congo (antiguo Zaire), sometiendo a sus habitantes a la esclavitud y matando a miles de personas obligandolas a realizar trabajos forzados. Este territorio fue denominado “Estado Libre del Congo” y no pertenecía legalmente a Bélgica, sino que era oficialmente un estado independiente gobernado por el Rey de los belgas. De esta forma, Stanley y sus secuaces eran libres de sembrar el terror sin acojerse a la legislación belga que, entre otras cosas, prohibía la esclavitud.
El periodista correría más aventuras. Pero seguramente su “Dr Livingstone, supongo” sería la más conocida… y la conquista del Congo la más importante.
MÁS SOBRE EL ÁFRICA SUBSAHARIANA
Cuando Kango
Musa peregrinó a La Meca
El Rey Arturo de los Ashanti
Etiopía, un reino cristiano al sur del Islam
Ni que decir tiene que muchos le daban por muerto. Especialmente desde que varios miembros de su expedición regresaron a la costa y afirmaron que le habían visto morir.
En ese momento es cuando el señor Henry Stanley (con el tiempo, llegaría a ser Sir), periodista americano, comienza su narración:
“El 16 de octubre del año 1869, cuando me hallaba en Madrid, y en mi casa de la calle de la Cruz, me presentó mi criado, a eso de las diez de la mañana, un parte telegráfico expedido por el señor James Gordon Bennet, director del New York Herald, de quien yo era corresponsal. Rasgué el sobre y leí lo que sigue: “Vuelva a París, asunto importante”
Dos horas después tenía ya recogidos mis libros y papeles, cerradas las maletas y todo preparado. Como el tren correo no salía hasta las tres, quedaba todavía algún tiempo disponible, que aproveché para ir a despedirme de mis amigos.
[...]
Cuando llegué a París, fui directamente al Gran Hotel, donde estaba alojado entonces el director de New York Herald; llamé a su puerta, y contestó una voz:
-Entre.
El señor Bennet estaba ya acostado; pero se puso al momento su bata y me preguntó vivamente:
-¿Quién es usted?
-Stanley.
-¡Ah! ya sé; tome asiento; se trata de confiarle una misión importante. ¿Dónde piensa que se halla Livingstone?
-Verdaderamente, no puedo decirle nada, caballero.
-¿Cree que ha muerto?
-Es posible que sí; puede ser que no.
-Pues a mí me parece que está vivo y que se le podría encontrar y le envío en su busca.
-¿Al centro de África? ¿Su intención es que emprenda semejante viaje?
-Sí; deseo que parta, que encuentre a Linvingstone, y que traiga de él todas las noticias que pueda recoger; y … ¡quien sabe!… quizá se halle muy necesitado el infatigable viajero. Llévese todo cuanto pueda serle útil, guíese por sus propias ideas. Haga lo que mejor le parezca; pero encuentre a Livingstone.
-¿Y ha reflexionado, caballero, los gastos que ocasiona este viaje?
-¿Cuánto piensa que costará?
-Burton y Speke gastaron de tres mil a cinco mil libras, y yo temo que se necesitarán al menos dos mil quinientas para emprender semejante expedición.
-¡Pues bien! voy a decirle lo que debe hacer: tome ahora mil libras; cuando estén gastadas gire una letra por otras mil, y luego una tercera, y así sucesivamente; pero encuentre a Livingstone.
-¿Debo ir directamente en su busca?
-No; primero asistirá a la inauguración del Canal de Suez, y desde allí reomntará el Nilo: he oído decir que Baker iba a marchar hacia el Alto Egipto, y por lo tanto convendrá que se informe lo mejor posible acerca de su expedición. [...] Terminada esta primera parte de su cometido, será bueno que vaya a Jerusalén, [...] Luegopasará a Constantinopla [...] Pasando por Crimea, visite lso campos de batalla, y diríjase enseguida al Cáucaso hasta el mar Caspio [...] Después se irá a la India, cruzando por Persia; en Persépolis podrá escribir una carta interesante. Bagdad está en su camino [...] Y cuando esté en la India se embarcará allí para reunirse con Livngstone. Y ahora, amigo mío, buenas noches; páselo bien, y que Dios lo bendiga.”
¿Es esto el comienzo de una novela? En realidad no, aunque se parezca mucho. Es el inicio del libro que Henry Stanley escribió sobre su más famoso viaje. Uno de los viajes más espectaculares que jamás se han emprendido y que le llevó por primera vez al interior de África, pasando por regiones que jamás había visto ningún “hombre blanco” y donde encontró, vivo, al Dr Livingstone.
Pero empecemos por el principio. El Dr Livingstone era un pastor protestante que quería, bienintencionadamente, llevar el cristianismo a los paganos africanos. Para ello buscaba una ruta de acceso al interior del continente que permitiera la llegada de misioneros.
Siguiendo este propósito ya había atravesado el desierto del Kalahari (en la actual Sudáfrica) demostrando que no era, como se pensaba, el extremo sur del desierto del Sahara y que no estaba desértico todo el centro del continente (así de desconocida era la geografía africana). Había explorado también el río Zambezee y había descubierto las Catarátas Victoria.
Estos viajes habían servido para darle la fama, pero no le habían permitido encontrar una ruta cómoda para acceder al interior del continente. Con esta intención viajó hacia el Tanganika.
Durante la segunda mitad del sXIX, el interior de África fue dejando de ser un enorme espacio en blanco y poco a poco los europeos fueron construyendo mapas del continente. En la imagen aparece un mapa a mitad del proceso.
Henry Stanley, como nos cuenta en su libro, se encontró con África de casualidad. Como buen periodista, nos cuenta con estilo ameno y entretenido los pormenores de sus desventuras y, hay que decirlo, no oculta su profundo sentimiento de superioridad racial sobre todo aquel que no es de raza europea.
Era su primer viaje al interior de África, y su inexperiencia le costó varios sinsabores. Después de varias semanas dando vueltas, en las que conoció el hambre, la fiebre, la ferocidad de las hormigas y las avispas africanas (nada que ver con las europeas), el ataque de los cocodrilos y los leones, la guerra e incluso una sublevación de sus portadores, por fin encontró a un anciano hombre blanco en un pueblo a orillas del Tanganika:
“Mientras avanzaba lentamente, pude observar su palidez y su aspecto de fatiga: llevaba un pantalón gris, un chaquetón rojo, y una orra azul con galoncillo de oro. Hubiera querido correr hacia él, pero me sentí cobarde ante aquella multitud; hubiera querido abrazarle, pero él era inglés, y yo ignoraba cómo me recibiría.
Hice, pues, lo que me inspiraron la cobardía y un falso orgullo; me acerqué deliberadamente, y dije descubriéndome:
-¿El Doctor Livngstone, supongo?
-Sí, caballero – contestó con benévola sonrisa, descubriéndose a su vez.
Entonces nos estrechamos las manos.”
Necesariamente debía ser el Doctor Livingstone. No había ningún hombre de raza europea a cientos de kilómetros de distancia. Sus reservas sobre como le recibiría el inglés, puede hoy sorprender, pero no debemos olvidar que no hacía mucho más de cincuenta años desde la última guerra entre el Imperio Británico y su antigua colonia. La gran hermandad que hoy une a ambos pueblos anglosajones proviene principalmente de la II Guerra Mundial.
Stanley encuentra a Livingstone en una situación límite. Enfermo y, tras haber sido robado, prácticamente reducido a la mendicidad. Para Livingstone, la llegada de Stanley fue interpretada como un regalo de Dios, es posible que no hubiera podido sobrevivir sin su ayuda. Con el auxilio del norteamericano, el pastor emprendió su exploración del Lago, hasta identificar (acertadamente) que el río Cazembé no era el Zambeze, como se creía hasta entonces, y llegaron a la conclusión (errónea) de que era un afluente del Nilo (en realidad es un afluente del Congo).
Entonces se separaron ambos viajeros. Stanley, tras cumplir su misión, regresaba a casa. Livingstone por su parte, partía con la intención de despejar el gran misterio que llevaba inquietando a los europeos desde hacía más de dos mil años, los orígenes del Nilo. Nunca lo lograría, moriría años después sin haber vuelto a casa pero tras realizar importantísimos descubrimientos.
Stanley regresaría más adelante a África. Pero con otra mentalidad menos noble. Él mismo lo deja entrever al final de su relato sobre la búsqueda de Livingstone: “Con una suma suficiente, toda África se exploraría sin dificultad, y hasta se conquistaría, se civilizaría; y la veríamos cubierta de hierro en todos los sentidos. [...]¿no está abierto para ustedes todo el mundo[...]?”
Sir Henry Morton Stanley
Cuando realizó su búsqueda de Livingstone, no hubo ningún hombre blanco que contara su actitud con respecto a sus subordinados. Y cuando encontró al doctor, él mismo cuenta que se contuvo en infinidad de ocasiones para no desagradar al pastor.
Pero en su siguiente viaje al Congo, Stanley regresó con varios europeos que hablaron después sobre su injustificada crueldad. Stanley maltrató brutalmente a los nativos, los asesinaba e incluso llegó a arrasar pueblos enteros. Eran unos tiempos muy racistas, en los que se daba por supuesto que los africanos eran gentes inferiores a los europeos, pero aún así el salvajismo de Stanley le hizo perder la gran reputación ganada por su expedición en busca de Livingstone.
En estas condiciones, el Rey de Bélgica, Leopoldo I, le puso al mando de una operación que daría como fruto una de las mayores infamias de la historia de Europa (tiene mérito).
Al frente de un ejército de mercenarios, Stanley sometió brutalmente las tierras que, aproximadamente, hoy corresponden con la República Democrática del Congo (antiguo Zaire), sometiendo a sus habitantes a la esclavitud y matando a miles de personas obligandolas a realizar trabajos forzados. Este territorio fue denominado “Estado Libre del Congo” y no pertenecía legalmente a Bélgica, sino que era oficialmente un estado independiente gobernado por el Rey de los belgas. De esta forma, Stanley y sus secuaces eran libres de sembrar el terror sin acojerse a la legislación belga que, entre otras cosas, prohibía la esclavitud.
El periodista correría más aventuras. Pero seguramente su “Dr Livingstone, supongo” sería la más conocida… y la conquista del Congo la más importante.
MÁS SOBRE EL ÁFRICA SUBSAHARIANA
Cuando Kango
Musa peregrinó a La Meca
El Rey Arturo de los Ashanti
Etiopía, un reino cristiano al sur del Islam
Cañon Berta
El Gran Berta (en alemán Dicke Bertha, literalmente Berta la gorda) es el nombre de un tipo de mortero de asedio —de 420 mm— desarrollado por las industrias Krupp en Alemania durante la Primera Guerra Mundial. Su designación oficial fue L/12 (cañón calibre 12 en longitud) 42 cm tipo M-Gerät 14 Kurze Marine-Kanone (cañón naval corto) nombre que pretendía camuflar el propósito real del arma.
Historia
Sólo dos ejemplares estaban disponibles al comienzo de la I Guerra Mundial, y se utilizaron para destruir los fuertes belgas en Lieja, Namur y Amberes y el fuerte francés de Maubeuge, así como otros fuertes en el norte de Francia. Bertha demostró ser muy eficaz contra antiguas construcciones como los fuertes belgas diseñados en la década de 1880 por Brialmont, destruyendo varios en pocos días. El éxito más espectacular fue con el fuerte belga Loncin, que explotó después de recibir un impacto directo en su polvorin. Sin embargo, el hormigón utilizado en los fuertes belgas era de mala calidad y consistía en sólo capas de hormigón sin ningún refuerzo de acero. El Gran Bertha se había ganado una sólida reputación en ambos lados de las líneas debido a sus primeros impresionantes éxitos al destrozar los fuertes en Lieja. La prensa alemana fue con entusiasmo declaró a Bertha un Wunderwaffe (arma maravillosa); pero, sin embargo, cuando se utilizó más tarde durante el asalto alemán en Verdún en febrero de 1916, resultó menos eficaz; la construcción más reciente de este fuerte con concreto reforzado con acero, en su mayoría podía resistir los grandes proyectiles semi-anti-blindaje de los Bertha. Sólo Fort Vaux fue severamente dañada durante este evento, destruyendo el almacenamiento de agua y conduciendo a la rendición de la fortaleza.
Es probable que un total de 12 Berthas fueron construidos durante la guerra, con hasta 20 tubos de cañón, aunque algunas fuentes afirman 18. Durante la contienda varios Bertha resultaron destruidos cuando sus tubos reventaron debido a municiones defectuosas. Más tarde durante la guerra un cañón de 30,5 cm L/30 fue desarrollado y equipado a un número de vagones de Bertha a fin de proporcionar mayor alcance, aunque no tan intenso poder de fuego. Estas armas fueron conocidas como los Schwere Kartaune o Beta-M-Gerät.
Historia
Este mortero de asedio fue diseñado principalmente por el director de diseño de Krupp, Professor Fritz Rausenberger, y por su predecesor, Director Dräger; fueron estos diseñadores quienes bautizaron el arma con el nombre de Dicke Bertha, por Bertha Krupp, heredera del imperio industrial Krupp. El nombre "Gran Berta" comenzó a ser utilizado erroneamente (aún hoy en día se les confunde) y genéricamente por los aliados en referencia a otras piezas de artillería pesada alemanas como la "Langer Max" y el "Cañón de París". Realmente, "Gran Berta" era solamente el apodo del modelo denominado en alemán "M-Gerät" (Aparato M [1] ), de 42 centímetros de calibre. Por tanto, este nombre no se ha de aplicar ni siquiera al modelo "Gamma-Gerät", antecedente directo de el Gran Berta.
Historia y desarrollo
El M-Gerät tuvo sus orígenes en las lecciones aprendidas por los alemanes y austriacos de la Guerra Ruso-Japonesa de 1904-1905. Durante el sitio a la base naval rusa Port Arthur, los japoneses desmontaron algunos de los cañones costeros de gran calibre (280 mm) y los utilizaron para terminar rápidamente con el sitio debido a la potencia devastadora de estos obuses. Esto fue una completa novedad, ya que, hasta ese momento, había sido asumido por expertos militares que los más grandes cañones de asedio transportables podian ser de alrededor de 20 cm.
Durante los primeros años de 1900, por lo tanto, Krupp comenzó a desarrollar una serie de morteros y obuses móviles, que iban desde los calibres 28 cm a 30,5 cm.utlilizando la experiencia adquirida por Krupp con la construcción de morteros de defensa costera (Küstenmörser), tales como la versión Beta-Gerät de 30,5 cm, cuyo primer modelo fue introducido en 1897 (aunque otras naciones, incluyendo Gran Bretaña y los Estados Unidos, también construyeron armas similares). Una nueva versión del obús Beta-Gerät 30,5 cm, ampliamente superior al modelo de 1897, fue desarrollado en 1908, pero encontrando que deseaban mayor poder ofensivo, el APK (Artillerieprüfungskommission o ' Comité de pruebas de artillería) pidió a Krupp que construyera un cañón de mayor tamaño capaz de aplastar las fortificaciones modernas. Krupp primero investigó la posibilidad de construir un arma de 35 cm, pero en su lugar saltó a los 42 cm, siendo este el proyectill que podia llevar la gran carga destructora que requeria el APK.
El primer diseño de 42 cm fue el macizo L/16 (16 calibres de longitud)Gamma-Gerät, que era básicamente una versión de mayor escala de la Beta-Gerät. Inusualmente para Krupp, estas armas tanto la versión Beta y Gamma evitó el cerrojo habitual de cuña deslizante en favor de una recámara de tipo de tornillo, después práctica común en Gran Bretaña y Francia. El enorme Gamma fue lo que los alemanes llamada Bettungsgeschütz, o 'cañón de las camas', es decir, que fue montado sobre un carro estacionario que tenia que ser emplazado en una base de hormigon,y que tomaba varios días preparar. El monstruo pesaba 150 toneladas y tenia que ser transportado en secciones sobre diez vagones de ferrocarril (seis para el cañón en sí mismo y otros cuatro para las camas). Fue sin duda impresionante (lanzaba granadas de 1.160 kg), pero como puede fácilmente imaginarse, simplemente moverlo era una pesadilla logística.
En consecuencia, la APK pidió a Krupp obtener una versión más móvil y ordenó un cañón el 15 de julio de 1912. Incluso antes de su entrega (en diciembre de 1913), el APK y ordenó una segunda arma en febrero de 1913. El primer obús realizó una demostración ante el Kaiser Guillermo II en marzo de 1914 y el segundo fue entregado en junio de 1914.
El nuevo obús era un arma móvil montada sobre un carro de tipo de campo de dos ruedas macizas de construcción convencional. En comparación con el anterior Gamma-Gerät debe considerarse un arma completamente diferente. El cañón era más corto que el del Gamma (4 calibres de longitud) y volvió a la recámara de cuña deslizante convencional de Krupp. Con paredes más delgadas, el cañón era de construcción mas ligera que de Gamma y, como tal, disparaba proyectiles también más ligeros de alrededor de 830 kg. Completamente montado pesaba 43 toneladas y no tenía que ser emplazado en concreto. Se desarrollaron esteras especiales de acero, que se desarrollaron, para impulsar las ruedas, con un arco de regulaciones de acero en la parte trasera del transporte que permitía recorridos limitados (este arco de regulaciones estaba equipado con una masiva pala tipo reja de arado que fue enterrada en el suelo ayudaba a anclar el arma). Para evitar que el arma rodara hacia abajo en caminos embarrados, las ruedas estaban equipadas con Radgürteln, bandas de pedrail con los pies que repartir la carga. Krupp y Daimler desarrollaron un tractor para el Bertha, aunque también tractores Podeus fueron utilizados para remolcar los cañones, que se dividian en cinco cargas cuando se trasportaban por carretera.
Durante los primeros años de 1900, por lo tanto, Krupp comenzó a desarrollar una serie de morteros y obuses móviles, que iban desde los calibres 28 cm a 30,5 cm.utlilizando la experiencia adquirida por Krupp con la construcción de morteros de defensa costera (Küstenmörser), tales como la versión Beta-Gerät de 30,5 cm, cuyo primer modelo fue introducido en 1897 (aunque otras naciones, incluyendo Gran Bretaña y los Estados Unidos, también construyeron armas similares). Una nueva versión del obús Beta-Gerät 30,5 cm, ampliamente superior al modelo de 1897, fue desarrollado en 1908, pero encontrando que deseaban mayor poder ofensivo, el APK (Artillerieprüfungskommission o ' Comité de pruebas de artillería) pidió a Krupp que construyera un cañón de mayor tamaño capaz de aplastar las fortificaciones modernas. Krupp primero investigó la posibilidad de construir un arma de 35 cm, pero en su lugar saltó a los 42 cm, siendo este el proyectill que podia llevar la gran carga destructora que requeria el APK.
El primer diseño de 42 cm fue el macizo L/16 (16 calibres de longitud)Gamma-Gerät, que era básicamente una versión de mayor escala de la Beta-Gerät. Inusualmente para Krupp, estas armas tanto la versión Beta y Gamma evitó el cerrojo habitual de cuña deslizante en favor de una recámara de tipo de tornillo, después práctica común en Gran Bretaña y Francia. El enorme Gamma fue lo que los alemanes llamada Bettungsgeschütz, o 'cañón de las camas', es decir, que fue montado sobre un carro estacionario que tenia que ser emplazado en una base de hormigon,y que tomaba varios días preparar. El monstruo pesaba 150 toneladas y tenia que ser transportado en secciones sobre diez vagones de ferrocarril (seis para el cañón en sí mismo y otros cuatro para las camas). Fue sin duda impresionante (lanzaba granadas de 1.160 kg), pero como puede fácilmente imaginarse, simplemente moverlo era una pesadilla logística.
En consecuencia, la APK pidió a Krupp obtener una versión más móvil y ordenó un cañón el 15 de julio de 1912. Incluso antes de su entrega (en diciembre de 1913), el APK y ordenó una segunda arma en febrero de 1913. El primer obús realizó una demostración ante el Kaiser Guillermo II en marzo de 1914 y el segundo fue entregado en junio de 1914.
El nuevo obús era un arma móvil montada sobre un carro de tipo de campo de dos ruedas macizas de construcción convencional. En comparación con el anterior Gamma-Gerät debe considerarse un arma completamente diferente. El cañón era más corto que el del Gamma (4 calibres de longitud) y volvió a la recámara de cuña deslizante convencional de Krupp. Con paredes más delgadas, el cañón era de construcción mas ligera que de Gamma y, como tal, disparaba proyectiles también más ligeros de alrededor de 830 kg. Completamente montado pesaba 43 toneladas y no tenía que ser emplazado en concreto. Se desarrollaron esteras especiales de acero, que se desarrollaron, para impulsar las ruedas, con un arco de regulaciones de acero en la parte trasera del transporte que permitía recorridos limitados (este arco de regulaciones estaba equipado con una masiva pala tipo reja de arado que fue enterrada en el suelo ayudaba a anclar el arma). Para evitar que el arma rodara hacia abajo en caminos embarrados, las ruedas estaban equipadas con Radgürteln, bandas de pedrail con los pies que repartir la carga. Krupp y Daimler desarrollaron un tractor para el Bertha, aunque también tractores Podeus fueron utilizados para remolcar los cañones, que se dividian en cinco cargas cuando se trasportaban por carretera.
Historial de servicio
Sólo dos ejemplares estaban disponibles al comienzo de la I Guerra Mundial, y se utilizaron para destruir los fuertes belgas en Lieja, Namur y Amberes y el fuerte francés de Maubeuge, así como otros fuertes en el norte de Francia. Bertha demostró ser muy eficaz contra antiguas construcciones como los fuertes belgas diseñados en la década de 1880 por Brialmont, destruyendo varios en pocos días. El éxito más espectacular fue con el fuerte belga Loncin, que explotó después de recibir un impacto directo en su polvorin. Sin embargo, el hormigón utilizado en los fuertes belgas era de mala calidad y consistía en sólo capas de hormigón sin ningún refuerzo de acero. El Gran Bertha se había ganado una sólida reputación en ambos lados de las líneas debido a sus primeros impresionantes éxitos al destrozar los fuertes en Lieja. La prensa alemana fue con entusiasmo declaró a Bertha un Wunderwaffe (arma maravillosa); pero, sin embargo, cuando se utilizó más tarde durante el asalto alemán en Verdún en febrero de 1916, resultó menos eficaz; la construcción más reciente de este fuerte con concreto reforzado con acero, en su mayoría podía resistir los grandes proyectiles semi-anti-blindaje de los Bertha. Sólo Fort Vaux fue severamente dañada durante este evento, destruyendo el almacenamiento de agua y conduciendo a la rendición de la fortaleza.
Es probable que un total de 12 Berthas fueron construidos durante la guerra, con hasta 20 tubos de cañón, aunque algunas fuentes afirman 18. Durante la contienda varios Bertha resultaron destruidos cuando sus tubos reventaron debido a municiones defectuosas. Más tarde durante la guerra un cañón de 30,5 cm L/30 fue desarrollado y equipado a un número de vagones de Bertha a fin de proporcionar mayor alcance, aunque no tan intenso poder de fuego. Estas armas fueron conocidas como los Schwere Kartaune o Beta-M-Gerät.
Gripe Española
Mortalidad por semana en París, Berlín, Londres y Nueva York. El pico es atribuible a la gripe.
Mortalidad por edades de las epidemias de gripe normales de 1911 a 1917 (línea de rayas) y de la epidemia de 1918 (línea continua). El pico central muestra la peculiar mortalidad de 1918 entre jovenes y adultos.La gripe española (también conocida como la Gran pandemia de gripe, la Epidemia de gripe de 1918 o La gran gripe) fue una pandemia de gripe de inusitada gravedad, causado por un brote de Influenza virus A del subtipo H1N1 que mató entre 50 y 100 millones de personas en todo el mundo entre 1918 y 1919.Se cree que ha sido una de las más letales pandemias en la historia de la humanidad. Muchas de sus víctimas fueron adultos y jóvenes saludables, a diferencia de otras epidemias de gripe que afectan a niños, ancianos o personas débiles.
La enfermedad se observó por primera vez en Fort Riley, Kansas, Estados Unidos el 11 de marzo de 1918. Un investigador asegura que la enfermedad apareció en el Condado de Haskell, Kansas en enero de 1918.Los Aliados de la Primera Guerra Mundial la llamaron Gripe española porque la pandemia recibió una mayor atención de la prensa en España que en el resto del mundo, ya que España no se vio involucrada en la guerra y por tanto no censuró la información sobre la enfermedad.
Los científicos han empleado muestras de tejido de víctimas congeladas para reproducir el virus para su estudio.Dada la extrema virulencia del brote y la posibilidad de escape accidental (o liberación intencionada) de la cuarentena, hay cierta controversia respecto a las bondades de estas investigaciones. Una de las conclusiones de la investigación fue que el virus mata a causa de una tormenta de citocinas, lo que explica su naturaleza extremadamente grave y el poco común perfil de edad de las víctimas.
Mortalidad por edades de las epidemias de gripe normales de 1911 a 1917 (línea de rayas) y de la epidemia de 1918 (línea continua). El pico central muestra la peculiar mortalidad de 1918 entre jovenes y adultos.La gripe española (también conocida como la Gran pandemia de gripe, la Epidemia de gripe de 1918 o La gran gripe) fue una pandemia de gripe de inusitada gravedad, causado por un brote de Influenza virus A del subtipo H1N1 que mató entre 50 y 100 millones de personas en todo el mundo entre 1918 y 1919.Se cree que ha sido una de las más letales pandemias en la historia de la humanidad. Muchas de sus víctimas fueron adultos y jóvenes saludables, a diferencia de otras epidemias de gripe que afectan a niños, ancianos o personas débiles.
La enfermedad se observó por primera vez en Fort Riley, Kansas, Estados Unidos el 11 de marzo de 1918. Un investigador asegura que la enfermedad apareció en el Condado de Haskell, Kansas en enero de 1918.Los Aliados de la Primera Guerra Mundial la llamaron Gripe española porque la pandemia recibió una mayor atención de la prensa en España que en el resto del mundo, ya que España no se vio involucrada en la guerra y por tanto no censuró la información sobre la enfermedad.
Los científicos han empleado muestras de tejido de víctimas congeladas para reproducir el virus para su estudio.Dada la extrema virulencia del brote y la posibilidad de escape accidental (o liberación intencionada) de la cuarentena, hay cierta controversia respecto a las bondades de estas investigaciones. Una de las conclusiones de la investigación fue que el virus mata a causa de una tormenta de citocinas, lo que explica su naturaleza extremadamente grave y el poco común perfil de edad de las víctimas.
Bandera de la India
La bandera de la India, también conocida como tiranga (तिरंगा en hindi) que significa tricolor, está compuesta por tres franjas horizontales con las mismas dimensiones, de color naranja la superior, blanco la central y verde la inferior.
Bandera de la India a ratio. En el centro tiene una rueda azul marino con veinticuatro picos, conocida como ashoka chakrá, tomada de la columna Ashoka (en Sarnath). El diámetro de este chakrá es tres cuartas partes de la altura de la franja blanca. La proporción entre la altura de la bandera contra su ancho es 2:3.La bandera es también el estandarte del ejército indio, colocado diariamente en las instalaciones militares. La bandera nacional de la India fue adoptada en su forma actual durante una reunión ad hoc de la Asamblea Constituyente celebrada el 22 de julio de 1947, pocos días antes de la independencia de los británicos el 15 de agosto. Ha servido como bandera nacional del Dominio de India entre el 15 de agosto de 1947 y el 26 de enero de 1950 y de la República de India de ahí en adelante.
En India, el término "tricolor" (tri rangā, en hindi) se refiere prácticamente en todo momento a la bandera nacional. El color azafrán significa el coraje, el sacrificio y el espíritu de renuncia, el blanco la pureza y la verdad, y el verde la fe y la fertilidad. La rueda representa el carácter dinámico de un cambio pacífico, realizado de forma progresiva.
Debe destacarse que el color que se usa actualmente en la parte alta en todas sus formas -incluyendo esta página- es resplandor naranja o calabaza en vez de azafrán o más tonalidades más oscuras de este, como el goldenrod o el goldenrod oscuro.
El diseño de la bandera fue realizado por Pingali Venkayya.Las especificaciones de la bandera requieren que la bandera sea hecha solamente de khadi, un tipo especial de estambre tejido a mano. El uso y la muestra de la bandera son estrictamente regulados por el Código Indio de la Bandera.
Bandera de la India a ratio. En el centro tiene una rueda azul marino con veinticuatro picos, conocida como ashoka chakrá, tomada de la columna Ashoka (en Sarnath). El diámetro de este chakrá es tres cuartas partes de la altura de la franja blanca. La proporción entre la altura de la bandera contra su ancho es 2:3.La bandera es también el estandarte del ejército indio, colocado diariamente en las instalaciones militares. La bandera nacional de la India fue adoptada en su forma actual durante una reunión ad hoc de la Asamblea Constituyente celebrada el 22 de julio de 1947, pocos días antes de la independencia de los británicos el 15 de agosto. Ha servido como bandera nacional del Dominio de India entre el 15 de agosto de 1947 y el 26 de enero de 1950 y de la República de India de ahí en adelante.
En India, el término "tricolor" (tri rangā, en hindi) se refiere prácticamente en todo momento a la bandera nacional. El color azafrán significa el coraje, el sacrificio y el espíritu de renuncia, el blanco la pureza y la verdad, y el verde la fe y la fertilidad. La rueda representa el carácter dinámico de un cambio pacífico, realizado de forma progresiva.
Debe destacarse que el color que se usa actualmente en la parte alta en todas sus formas -incluyendo esta página- es resplandor naranja o calabaza en vez de azafrán o más tonalidades más oscuras de este, como el goldenrod o el goldenrod oscuro.
El diseño de la bandera fue realizado por Pingali Venkayya.Las especificaciones de la bandera requieren que la bandera sea hecha solamente de khadi, un tipo especial de estambre tejido a mano. El uso y la muestra de la bandera son estrictamente regulados por el Código Indio de la Bandera.
Polo Sur
Los perros de Amundsen en el Polo Sur fueron los perros esquimales que se convirtieron en uno de los factores principales que posibilitaron el viaje de ida y vuelta al Polo Sur del explorador noruego Roald Amundsen (Borge, Noruega, 16 de julio de 1872 - Mar de Barents, 18 de junio de 1928) que organizó y dirigió la expedición que trasladada en 1910 en el barco Fram desde Noruega hasta la placa de hielo Ross en la Antártida, invernó sobre ella y al año siguiente, el día 15 de diciembre de 1911, fue la primera que logró llegar al Polo Sur. Para alcanzar esta meta se basó en que los expedicionarios eran todos excelentes esquiadores y que para el transporte en trineos de los enseres y de los alimentos empleó perros esquimales.
Había leído los relatos de Scott y Shackleton sobre sus intentos de alcanzar este polo, por lo que conocía la característica del territorio que era necesario recorrer para llegar hasta él y que se componía de tres fases muy diferenciadas al estar conformado por la placa de hielo de Ross con sus grietas cubiertas de frágiles puentes de nieve, una cadena montañosa que era preciso remontar por alguno de sus glaciares rotos por las grietas y en los que sobresalían enormes rocas, unas ancladas en la corteza terrestre, otras, sueltas e inestables, y el altiplano cubierto de nieve que llevaba al Polo Sur.
Roald Amundsen.Tanto Scott como Shackleton habían empleado perros y ponis manchurianos para tirar de los trineos cuando atravesaron la placa de Ross. Amundsen conocía muy bien las características de los perros esquimales y se extrañaba de que Scott los considerara inferiores a los ponis manchurianos para moverse sobre una placa de hielo. No se explicaba la mala experiencia que había tenido el expedicionario inglés con sus perros y que sólo podía deberse a que los perros no entendieron a su amo o era el amo el que no entendía a los perros. Entre amo y perro es preciso que desde el primer momento se llegue a un correcto entendimiento. El animal tiene que comprender que tiene que obedecer inevitablemente, imponiéndole el amo su poder. Si esta relación ha tenido lugar, el perro estará en condiciones, superiores a otros animales de tiro, para recorrer grandes distancias sobre el hielo.
Amundsen consideró que únicamente era posible llegar al Polo Sur con éxito si se empleaban perros esquimales. Las tres ventajes principales en las que basaba su empleo eran que éstos, debido a su menor peso, pueden pasar mejor sobre los puentes de nieve formados sobre las grietas que había en el hielo y si el puente se hunde y cae el perro, no ocurre una desgracia, puesto que se le agarra de la nuca y ya está otra vez sobre el hielo firme. La segunda gran ventaja es que el perro puede ser alimentado con carne de perro, con lo que se puede disminuir notablemente la provisión de alimentos para estos animales. Según se avanza, el peso que se arrastra con los trineos va disminuyendo por la comida consumida tanto por los hombres como por los perros, al igual que se reduce el del petróleo utilizado. Por ello se puede prescindir durante la marcha de algunos perros y sacrificando los menos buenos, se alimenta con ellos a los demás. El recibir los perros de vez en cuando carne fresca, fue lo que hizo que pudiesen realizar el esfuerzo que se les exigió durante el viaje al Polo Sur. Y la tercera, la más importante, era que una vez recorrida la placa de Ross y llegados a las montañas que precisaban ser remontadas por un glaciar, a los perros, aunque con gran dificultad, les resultaría posible seguir tirando de los trineos si éstos eran aligerados de peso y los hombres les ayudaban a arrastrarlos, y una vez superado este tramo, habiendo alcanzado la superficie del altiplano cubierto de nieve, estarían capacitados para conducirles rápidamente a la meta.
Había leído los relatos de Scott y Shackleton sobre sus intentos de alcanzar este polo, por lo que conocía la característica del territorio que era necesario recorrer para llegar hasta él y que se componía de tres fases muy diferenciadas al estar conformado por la placa de hielo de Ross con sus grietas cubiertas de frágiles puentes de nieve, una cadena montañosa que era preciso remontar por alguno de sus glaciares rotos por las grietas y en los que sobresalían enormes rocas, unas ancladas en la corteza terrestre, otras, sueltas e inestables, y el altiplano cubierto de nieve que llevaba al Polo Sur.
Roald Amundsen.Tanto Scott como Shackleton habían empleado perros y ponis manchurianos para tirar de los trineos cuando atravesaron la placa de Ross. Amundsen conocía muy bien las características de los perros esquimales y se extrañaba de que Scott los considerara inferiores a los ponis manchurianos para moverse sobre una placa de hielo. No se explicaba la mala experiencia que había tenido el expedicionario inglés con sus perros y que sólo podía deberse a que los perros no entendieron a su amo o era el amo el que no entendía a los perros. Entre amo y perro es preciso que desde el primer momento se llegue a un correcto entendimiento. El animal tiene que comprender que tiene que obedecer inevitablemente, imponiéndole el amo su poder. Si esta relación ha tenido lugar, el perro estará en condiciones, superiores a otros animales de tiro, para recorrer grandes distancias sobre el hielo.
Amundsen consideró que únicamente era posible llegar al Polo Sur con éxito si se empleaban perros esquimales. Las tres ventajes principales en las que basaba su empleo eran que éstos, debido a su menor peso, pueden pasar mejor sobre los puentes de nieve formados sobre las grietas que había en el hielo y si el puente se hunde y cae el perro, no ocurre una desgracia, puesto que se le agarra de la nuca y ya está otra vez sobre el hielo firme. La segunda gran ventaja es que el perro puede ser alimentado con carne de perro, con lo que se puede disminuir notablemente la provisión de alimentos para estos animales. Según se avanza, el peso que se arrastra con los trineos va disminuyendo por la comida consumida tanto por los hombres como por los perros, al igual que se reduce el del petróleo utilizado. Por ello se puede prescindir durante la marcha de algunos perros y sacrificando los menos buenos, se alimenta con ellos a los demás. El recibir los perros de vez en cuando carne fresca, fue lo que hizo que pudiesen realizar el esfuerzo que se les exigió durante el viaje al Polo Sur. Y la tercera, la más importante, era que una vez recorrida la placa de Ross y llegados a las montañas que precisaban ser remontadas por un glaciar, a los perros, aunque con gran dificultad, les resultaría posible seguir tirando de los trineos si éstos eran aligerados de peso y los hombres les ayudaban a arrastrarlos, y una vez superado este tramo, habiendo alcanzado la superficie del altiplano cubierto de nieve, estarían capacitados para conducirles rápidamente a la meta.
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